El favorito es Nadal, no caben dudas. Las estadísticas son abrumadoras, pero Diego Schwartzman tendrá como aliado al público, porque es un jugador que conmueve con su esfuerzo, por la ventaja que les presuponen a sus rivales en la diferencia de estatura, por la fortaleza de su corazón y el temple competitivo. Por eso, y porque París es siempre hostil con Rafa, es que los apenas 5 mil espectadores harán alianza en este choque de Roland Garros.
Sin embargo, y a pesar de los mismos franceses, es territorio de Rafael Nadal, en donde hasta el propio español se siente jugando mucho más motivado y a gusto que en su propia academia de Manacor, porque el Philippe Chatrier es su bastión. De ahí lo escandaloso de sus números sobre el polvo de ladrillo parisino, tan sólo 2 derrotas en 106 partidos, dos de esas victorias sobre Peque, al que venció en 10 de 11 ocasiones.
Ambos comparten características, juego de fondo, de regularidad y la devolución, importante este punto, porque el quiebre de servicio no pagará nada en las apuestas. Diego ha demostrado que puede mantenerse cerca en el score y de la línea de fondo, pero si Rafa lo despega de ahí, empezará a tener problemas. Deberá controlar sus ansiedades, evitarle el revés y forzar, en cada set, un final ajustado en los penales del tenis: el tie break.
La empresa es difícil, Nadal va por su decimocuarta corona en Roland Garros, Peque por una hazaña. Pero una vez cayó Golliat y ahí nomás, en la Bastilla, se vio a un emperador perder su peluca y su corona.
(*) Periodista especializado en tenis.
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