¿Se volverá, alguna vez, a aquel ritual funerario que se desarrollaba con un concurrido y prolongado velatorio y la asistencia libre al cementerio? La aparición del coronavirus suspendió esos usos y costumbres y durante varios meses del año pasado el servicio se limitó a guardar en depósito los restos de la persona fallecida y trasladarlos luego al destino final. Ahora, hay un límite muy estricto del horario de apertura de la casa de sepelios y sólo se realiza una “despedida” por turnos y con “cupo”, es decir, con un tope en la presencia de la cantidad de deudos.
La pandemia lo trastocó todo, incluido ese hito social que durante siglos llevó a las familias y los amigos a reunirse para despedir a un ser querido. De un día para el otro, en los tradicionales obituarios se aclaraba “No se realiza servicio de velatorio” y el “último adiós” se realizó por meses en la más estricta intimidad.
En estos días, las ceremonias fúnebres se flexibilizaron un poco. No hay, sin embargo, velorios que duren mucho tiempo, pues se llevan a cabo, un poco a criterio de la casa de sepelios, durante no más de un par de horas. Las “despedidas” (así se las llama) se realizan por turnos, de tres o hasta de cinco personas.
“Todo es con protocolo sanitario: nosotros admitimos hasta tres personas juntas, y con dos horas nada más de despedida. Se les toma la temperatura al ingresar y todos deben estar con barbijo y mantener la distancia aconsejada, por eso es que pasan al salón por turnos”, explicó el encargado de una empresa de pompas fúnebres de la calle 12 entre 68 y 69.
A estas pautas se le agrega el hecho de que no se realizan velorios de aquellos vecinos que fallecieron a causa del Covid. “No es por ellos, obviamente, pero sus familiares pueden estar contagiados, así que en esos casos se deja el cuerpo en depósito y después se hace el traslado”, precisó el mismo empleado.
CIRCULAR
Según señaló una circular de finales de 2020 del ministerio de Salud provincial que indica los pasos a seguir en los servicios funerarios, “el riesgo que suponen los velatorios no se origina en el cuerpo del fallecido sino en la reunión de varias personas; es por esto que no se deben realizar ritos fúnebres que conlleven reuniones o aglomeraciones de personas”.
El servicio en el caso de las personas que mueren por el virus se atiene a una ordenanza municipal de 1990 (Nº 7.638) que regula el procedimiento para aquellos decesos por enfermedades infectocontagiosas. Tras un breve y limitado velatorio no puede haber entierro ni depósito en nichos y en bóvedas: deben ir a cremación.
Como en la necrópolis local no hay crematorio, la incineración de los restos debe realizarse en alguno de los cementerios privados de la Región.
El distrito de Ensenada no difiere mucho de la modalidad de sepelios platense. En las instalaciones de servicios fúnebres de la ciudad vecina tampoco hay velatorios extendidos ni con mucha gente. “Las despedidas son de una hora y entran de a cinco personas, que se turnan. Todas deben estar con barbijo, a distancia y tienen que asearse las manos con alcohol al entrar y al salir”, indicó Gerónimo Altamira, empleado de la casa de la calle Eva Perón.
En ese caso también se cumple un dispositivo específico cuando el fallecido padeció coronavirus: una ambulancia especialmente destinada a ese trámite retira los restos del hospital o la clínica y de ahí va directo al cementerio.
El protocolo oficial
De acuerdo a las indicaciones emanadas de la cartera sanitaria: el velatorio deberá desarrollarse a cajón cerrado; se debe medir la temperatura de los asistentes mediante un censor de temperatura corporal a distancia y se prohíbe el ingreso a aquella persona en que se detecte 37.5 grados o más; asegurar un distanciamiento interpersonal mínimo de dos metros en la sala; y exigir el uso permanente de tapa boca-nariz. No se permite tocar el ataúd.
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