Referente de la urología en La Plata, miembro de una familia vinculada a la atención de la salud, rugbier con una destacada tradición en el club Los Tilos, la muerte de Augusto Castilla significa una dolorosa pérdida en los círculos médicos en los que se desenvolvió, como así también en su vida más íntima, que compartió con la familia y los amigos. Estaba por cumplir 74 años.
Augusto Jorge Castilla había nacido el 20 de julio de 1947 en esta ciudad. Fue el tercer hijo de Martín, empleado de YPF, y Augusta Tamone, farmacéutica. Creció, en una casa de Tolosa, junto a sus hermanos Inés, Héctor y Martín.
Toda su educación la cumplió en la UNLP, pues la primaria la hizo en la Escuela Anexa, la secundaria en el Colegio Nacional, y luego se graduó en la facultad de Ciencias Médicas. Se especializó en urología, y parte de esos estudios los realizó en Cleveland, Estados Unidos.
Fue larga y en distintos ámbitos su trayectoria profesional. Atendió pacientes durante muchos años en el Hospital Italiano, donde alcanzó a ser el jefe del servicio de Urología; también fue parte del proyecto sanitario del COE hasta que el establecimiento cerró; y desarrolló, asimismo, una extensa trayectoria como médico en la Policía de la Provincia.
Una de sus pasiones la constituyó el rugby, y a partir de esa práctica sintió un particular apego a Los Tilos, institución donde no sólo jugó él de joven y como veterano sino que también reunió a sus hermanos, sus hijos y sobrinos.
De carácter reservado, hombre de pocas pero precisas palabras, ese rasgo de personalidad no lo limitó para hacer amigos, pues estableció profundas y duraderas relaciones en los espacios que compartió con colegas y con compañeros de rugby, pelota paleta y golf. Y es que fue, además, un deportista nato.
De su matrimonio con Liliana Conles nacieron Augusto (administrador de empresas), María Victoria (antropóloga) y Ramiro (que siguió la misma especialidad de su padre).
Fue un viajero intenso, sobre todo llamado a asistir a congresos de la profesión; con una tendencia a lo hogareño, fue un cocinero excepcional para quien no había mejor programa que invitar a los allegados a comer a su casa.
Tuvo cuatro nietos y esperaba un quinto de su hijo menor.
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