Una vida dedicada al arte. La fotografía, la actuación teatral, también televisiva, lo llevaron a distintos caminos, todos perseguidos con pasión y gran dedicación. Oscar Eduardo Sierra falleció a los 78 años y su partida provocó numerosas y profundas muestras de pesar en diferentes ámbitos de la Ciudad.
Había nacido el 4 de noviembre de 1942. Cursó sus estudios secundarios en el Normal 2, y se formó como actor en la Escuela Superior de Teatro de la Provincia de Buenos Aires, de donde egresó en 1970.
Desde su debut escénico, con “El Chaufer”, bajo la dirección de Gino Ochoa en 1967, ha sido parte de más de una decena de espectáculos teatrales, entre ellos, “Pucho, la Luna y Pilín”, “Parecido a la felicidad”, “La Valijita Mágica” y otros clásicos como “El conventillo de la paloma”, “El enfermo imaginario”, “Babilonia” y “La Nona”, que estuvo en cartelera hasta que llegó la pandemia.
El director teatral Roberto Conte tuvo un rol destacadísimo en su trayectoria como artista, con quien brilló en el desempeño de distintos personajes que interpretó.
Además de su devoción por la actividad teatral, tuvo un importante desempeño en la música coral, habiendo sido integrante de Coro de la Facultad de Arquitectura de La Plata y del Coro de la Facultad de Ciencias Económicas, a fines de la década del setenta. En tevé, fue parte de “La Luna de Canela”, emitido por Canal 7, y también realizó distintas publicidades.
Desde el año 2016 puso mucho énfasis en un proyecto que desarrolló en el Teatro de la Universidad de La Plata al que estaba integrado desde el año 2001. Desde 2016 hizo la obra La Nona, de Roberto Cossa, interpretando el personaje de La Nona.
Su personalidad -amable, siempre predispuesto y de excelente humor- lo llevaron a sumar amigos entrañables, compañeros y colegas quienes siempre expresaban su cariño, ganado por el respeto que siempre expuso hacia la labor de la gente con quienes emprendió múltiples proyectos. En el fútbol era hincha de Gimnasia.
También integró la Fundación Florencio Pérez, donde desempeño actividades vinculadas a las relaciones institucionales.
La familia jugó un rol fundamental en su vida: casado con María Susana “Kuki” Massabó, tuvo dos hijas: María Soledad y María Dolores, y dos nietos: Manuel y Elena, con quienes tuvo una relación de amor infinito. Solía pensar que querían que lo recordaran como él siempre tuvo presente a su abuelo Antonio.
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