Con el fallecimiento de Martha Raquel Vieyra, la Ciudad perdió a una vecina de extensa raigambre y a una mujer que fue apreciada y respetada en distintos círculos locales.
Había nacido en La Plata, el 1 de junio de 1929. Hija de Enrique Benjamín Vieyra y de Delia Mallo Huergo, fue la cuarta de cinco hijos, descendiente por parte de su madre, de familias patricias de esta ciudad. Su padre, escribano titular del Registro Nro. 2 de La Plata, llegó a desempeñarse como escribano mayor de Gobierno, durante la gobernación de Juan Manuel Fresco y fue activo miembro del Partido Conservador.
A los 19 años, el 29 de diciembre de 1948, contrajo matrimonio con el abogado y magistrado Víctor Carlos Szelagowski, de familia radical.
Solía recordar que le tocó atravesar etapas difíciles del país, pero junto a su esposo pudo compartir esos tiempos, como también los buenos momentos que tuvieron durante los 49 años de su matrimonio. El vínculo sólo lo separó el fallecimiento de su esposo, ocurrido hace 24 años.
Con gran inquietud intelectual y tal vez inspirada en los profesionales de su familia, Martha cursó estudios de escribanía, sin embargo se vio obligada a interrumpirlos para dedicarse a la gran familia que formó y que creció con los nacimientos de sus seis hijos.
Fue una madre presente y atenta a la necesidad de cada uno de ellos, acompañó su crecimiento y les inculco el valor del esfuerzo hasta verlos convertirse en personas de bien y en profesionales de distintas áreas, tanto públicas como privadas.
Pese al tiempo que le llevaba el cuidado de su familia, se esforzó por nutrir su intelecto y fue una mujer de vasta cultura, le interesaba la literatura y sus conversaciones siempre expresaban opiniones fundadas.
Ya a mediana edad, uno de sus pasatiempos fue el juego de “canasta” y se reunía con un grupo de amigas inseparables con las que jugó casi a lo largo de 40 años. También fue una ávida lectora y viajera incansable.
Luego de quedar viuda, supo disfrutar tanto de la soledad, como de la compañía de sus amigas, de sus hijos, nietos y bisnietos.
Sus allegados destacaron que fue una mujer de gran belleza, de carácter fuerte y rebelde para su época, razones por las que también será, sin dudas, recordada con una sonrisa por quienes compartieron junto a ella entrañables momentos.
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