A los 72 años, falleció el ingeniero químico Guillermo Jorge Bilbao, dueño de una vasta y prolífica trayectoria tanto en laboratorios del orden público como en empresas privadas. También se distinguió en su rol de docente.
“Willy de La Plata”, como cariñosamente lo apodaba su entorno, nació en la Ciudad el 21 de abril de 1949. Hijo del maestro Jorge Bilbao y Sara Arrotti, formó parte de la segunda generación de argentinos de esa típica familia de La Plata, junto a su hermano el arquitecto Marcelo J. Bilbao y la artista plástica Cristina S. Bilbao.
El comienzo en su formación fue en la Escuela Anexa, y la educación secundaria comenzó en el Colegio Nacional y finalizó en el Colegio Sagrado Corazón. Años más tarde, se convirtió en ingeniero químico en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
Inquieto y apasionado desde sus comienzos, su actividad se desarrolló en la docencia tanto universitaria como secundaria, así como también, su desempeño en el Laboratorio de Entrenamiento Multidisciplinario para la Investigación Tecnológica (LEMIT).
Años más tarde, ingresó a Techint, con una destacada actuación en la ejecución del Centro Atómico de Ezeiza (CAE) como así también en la construcción de la Planta de Laminado en Frio de Siderar actual Ternium-Siderar Argentina, entre otras tantas obras de envergadura ingenieril en las que supo intervenir.
Es allí donde a partir de su experiencia funda su propia empresa: ABA Ingeniería, habiendo sido una de las principales prestadoras de servicios a empresas como Telefónica Argentina y TELECOM, entre otras.
La actividad deportiva siempre resultó clave para su desarrollo y fue nadador y gimnasta del Club Estudiantes en su adolescencia, para luego integrar equipos de La Plata Rugby Club.
Una de sus mayores virtudes fue su presencia incondicional tanto para la familia y sus amigos. Es así que mientras trabajaba y cursaba sus últimos años en la facultad para convertirse en profesional, contrajo matrimonio con Silvia Nievas, amor a partir del cual nacieron siete hijos: Sebastián, Luciana, Paola, Leticia, Esteban, Bárbara y Federico, que le otorgaron años más tarde el título de “El gran abuelo Willy”, por parte de sus 14 nietos.
Incondicional para sus amigos, familiares y vecinos, las reuniones en su casa nunca pasaban inadvertidas. En ellas desbordaban las buenas anécdotas.
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