Según datos del sector, en nuestro país se venden diariamente unos 6 millones de alfajores y es esa golosina la que encabeza la lista de los más vendidos, la siguen los chocolates y chocolatines, caramelos o confites, pastillas en paquete y chupetines, otros preparados y chocolates como obleas, turrones, chicles, barras de cereales, bombones y bocaditos de chocolate.
Dentro de esta creciente demanda de consumo, que especialistas ponen en alerta porque no son “nutritivos” (ver recuadro), surgen también en nuestra ciudad como un boom locales comerciales exclusivos de golosinas, con productos para todos los gustos y presupuestos, además de las compras “hormigas” en los kioscos que, a partir de las flexibilizaciones de las restricciones por la pandemia y una mayor circulación en las calles, van repuntando en sus diferentes productos que ofrecen, además de las golosinas.
Si hay un gusto al que nadie parece querer renunciar es al consumo de cosas dulces y Alberto Catullo, presidente de la Asociación Amigos de Calle 12, reconoció que ese modelo de negocios dedicados exclusivamente a la venta de golosinas funciona. “Estaba en montones de lugares en el mundo, pero acá había pocos, por suerte se empezaron a asentar en Calle 12 y es algo que le aporta vida y colorido al centro comercial”, dijo el dirigente, al referirse al buen número de negocios del rubro que se abrieron entre el año pasado y el actual.
Catullo remarcó que esos comercios llaman mucho la atención y constituyen un lugar de interés para las familias que visitan ese paseo, fundamentalmente cuando van acompañadas por niños. Pero agrega el comerciante: “De 54 a 64, Calle 12 tiene mucha vida, color, diversidad de productos, desde ese tipo de negocios hasta muebles, indumentaria, electrodomésticos, gastronomía, zapaterías, marroquinería, lo que busques lo tenés”.
Valentín Gilitchensky, presidente de los centros comerciales platenses en la FELP, opinó que el auge de ese tipo de negocios de venta de golosinas también obedece al buen margen de ganancias que deja el rubro de los alimentos. “Lo que más compra la gente es comida y el chocolate tiene productos de precios bajos, ese tipo de negocios es bastante rentable, por eso se están viendo tantos en el centro”, sostuvo.
A su juicio, la pandemia provocó que la gente cambiara el hábito. “No se sale tanto, se está más en la casa y en esos lugares grandes se hacen las compras como para armarse un kiosco propio”, señaló.
“Tenemos clientes que vienen una vez por mes, ya sea para comprar los alfajores para que los chicos lleven a las escuela o para darse un gusto; también se compran regalos porque hay cajas con peluches y golosinas o tazas con caramelos que se llevan mucho”, comentó Isabella, empleada de un comercio céntrico.
Una de las claves del rubro de las golosinas es la renovación constante
Según datos de la Asociación de Distribuidores de Golosinas, Galletitas y Afines, más de 1 de cada cuatro ventas de golosinas es un alfajor. Los que más se venden, aseguran,son los que cuestan menos.
Chocolates y chocolatines figuran segundos entre las golosinas con más demanda.
Los caramelos figuran en el tercer puesto de las golosinas más vendidas, le siguen las pastillas, las obleas cubiertas de chocolate, los turrones y los chicles.
“Lo que sucedió en pandemia fue que bajó la compra impulsiva en kioscos, por no haber clases y por el poco transito de gente (caramelos, chupetines, chocolates tamaños chicos) y creció la compra de unidades más grandes para familias”, cuenta Jorge López Carillo, presidente de la Asociación Distribuidores Golosinas Galletitas y Afines (ADGYA).
¿NUEVO HÁBITO, MODA O ALGO QUE LLEGÓ PARA QUEDARSE?
Según distintos especialistas en comportamiento y consumo, las golosinas, en la mayoría de los casos, se compran de modo compulsivo. Excepcionalmente se hace una compra premeditada, coinciden distintos analistas.
Como ocurrió en buena parte de los rubros comerciales, las golosinas tuvieron una fuerte baja en el consumo en los primeros meses de pandemia y cuarentena estricta, en tiempos de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO).
Sin embargo, cuando las restricciones comenzaron a ceder y la gente comenzó a poblar más las calles, fueron surgiendo los locales de venta exclusiva de golosinas, y repuntando las compras en los kioscos.
En el centro, a mano, y con distintas ofertas, la tentación por lo dulce fue ganando terreno, más allá de las recomendaciones por hacer dietas sanas en tiempos en los que el ejercicio también estaba restringido.
En forma paralela a la instalación de locales comerciales de venta exclusiva de golosinas, también creció la demanda de estos productos vía online, el comercio que ganó terreno en poco tiempo de manera intensiva.
Por ejemplo, hay datos que marcan que en la reciente edición de la Semana de la Dulzura, que se realiza tradicionalmente del 1º al 7 de julio, las ventas subieron un 20 por ciento por encima del promedio, que ya estaba normalizado a lo que se daba antes del inicio de la pandemia.
“Hoy la gente compra de golosinas por las apps y plataformas de los distribuidores”, marcó un empresario del rubro, para ilustrar cómo está la industria por estos tiempos.
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