Germán Chiaraviglio fue a Tokio para participar de los Juegos Olímpicos, pero días antes de su debut en la prueba de salto con garrocha, dio positivo de Coronavirus. Tras ello, fue aislado durante diez días y vivió un calvario.
El atleta santafesino llegó a Tokio el 23 de julio, participó de la ceremonia inaugural, pero al día siguiente, comenzó su padecimiento. “Desde el día 24, empecé a vivir una situación muy rara, que terminó siendo un calvario. Tres días después me dieron el resultado positivo de Covid, en los cuatro análisis diarios de saliva, pero negativo en el hisopado”, contó.
“Todas días a las 7 de la mañana escupía en un frasco de vidrio y lo tenía que llevar a una clínica que estaba dentro de la Villa Olímpica”, comentó Chiaraviglio a lo que agregó que “cuando le avisaron a la persona responsable del COA de mi primer positivo en la saliva, se activó un protocolo donde automáticamente me aislaron en una sala de esa clínica y debía esperar tres horas el resultado del PCR. Solo, aislado”.
Chiaraviglio contó que en el centro de aislamiento tuvo “un trato frío, distante. Daba la sensación de que no trataban como seres humanos y solo aplicaban protocolos”. Y agregó que “no estaba contemplada de ninguna manera la cuestión emocional o cómo podía llegar a afectar el encierro. Porque fue un encierro. Sentí que era una prisión”, señaló.
El atleta contó que las ventanas de la habitación estaban selladas y le comunicaban diferentes cuestiones por parlantes. “Agarré un alicate y le saqué dos o tres tornillos a la ventana. Giré una perilla y la pude abrir. Ahí me cambió la vida. Creo que habían pasado tres días de aislamiento”, reveló.
En tanto, el garrochista expresó que no tuvo contención psicológica por parte de los organizadores ni del COI. “Solamente recibí un mail de una psicóloga diciendo que estaba a disposición. Más frío que eso no hay. Como teníamos Covid, para ellos éramos una amenaza para la población local. Con este encierro me sentía un delincuente”, contó.
Chiaraviglio manifestó que lo habló con los responsables del centro en donde se encontraba, “pero a nadie le importó”. “Se preocupaban por los síntomas físicos, de lo otro no. Me liberaron al noveno día tras dar negativo. Estaba feliz de estar libre. Una verdadera locura. Disfrutaba gozar de mi libertad. Pero lo único que quería era irme de Japón y volver con mi familia”, cerró.
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