BUDAPEST
El papa Francisco lanzó ayer un llamado para que la gente sea más “abierta” a los demás, durante la misa de clausura de un congreso religioso internacional y tras haberse reunido en Budapest con el líder soberanista Viktor Orban.
Orban, de origen calvinista y que se presenta como un baluarte contra la “invasión musulmana” en Europa, le regaló a Francisco la copia de una carta de 1250 de un rey húngaro, enviada al pontífice de aquel entonces y en la que le pedía la ayuda de Occidente contra los guerreros tártaros que amenazaban la Hungría cristiana.
El sumo pontífice apareció sonriendo en unas imágenes retransmitidas por la TV oficial del Vaticano, que aludió a un encuentro “cordial” de 40 minutos.
“El sentimiento religioso es la savia de esta nación, tan unida a sus raíces”, dijo el Papa
Previamente, a bordo del avión que lo llevó a Budapest, Francisco saludó a los 74 periodistas que lo acompañaron en el vuelo y se declaró muy feliz de volver a viajar tras su operación de colon el pasado 4 de julio. El único viaje que había realizado hasta ahora en tiempos de pandemia había sido en marzo pasado a Irak.
La reunión con Orban se mantuvo a puerta cerrada y no se divulgó el contenido de la discusión, pero Francisco, de 84 años, pareció responder indirectamente a su anfitrión durante la misa de clausura del Congreso Eucarístico Internacional, la verdadera razón de su visita.
“El sentimiento religioso es la savia de esta nación, tan unida a sus raíces”, declaró ante la multitud. Pero “la cruz exhorta a mantener firmes las raíces, pero sin encerrarse; a recurrir a las fuentes, abriéndose a los sedientos de nuestro tiempo”, dijo el Papa. Ante los obispos, lanzó un mensaje similar.
Jorge Bergoglio, descendiente de italianos, no ha dejado de recordar a la vieja Europa su pasado, construido por oleadas de inmigrantes.
CRÍTICAS AL “SOBERANISMO”
Aunque nunca aludió directamente a ningún político en particular, ha criticado abiertamente “el soberanismo” que, según él, dedica a los extranjeros unos discursos parecidos a los de Hitler.
En Budapest, el Papa también se reunió con representantes de varias confesiones cristianas y de la comunidad judía, la más importante de Europa central, con unos 100.000 miembros.
Francisco advirtió de “la amenaza del antisemitismo que todavía serpentea en Europa y en otros lugares” y afirmó que es “una mecha que hay que apagar”.
Por la tarde, el Papa llegó a Eslovaquia para una visita de cuatro días, donde fue recibido por la presidenta Zuzana Caputova. (EFE y AFP)
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