En 74 y 136, en la vereda del cementerio, crece un enorme basural crónico. “Es un foco infeccioso que no para de crecer. En principio por responsabilidad de algunos vecinos que arrojan los desechos en cualquier parte, y por otra parte una deficiente frecuencia de recolección de los residuos. El olor nauseabundo es tremendo”, describió Martín, un vecino que pasa habitualmente por la zona por cuestiones laborales y se topa con ese panorama.
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