Un día Mari dio el primer paso: tras años de atropellos y violencias de parte de su marido, decidió dar por terminada la opresiva relación. Empleada doméstica, fue a pedir ayuda y refugio a la casa de su empleadora de 30 años, Adriana Yurcovich, quien junto a su hija Mariana Turkieh pensó que había algo en esa historia con “potencial” para ayudar a otras personas en su misma situación.
Así nació “Mari”, el documental que dirigen Yurcovich y Turkieh, que se estrenó ayer en el porteño Cine Gaumont y en la plataforma digital Cine.Ar Play, y que sigue a Mari en la búsqueda de su emancipación. Un viaje que comenzó con ese pedido de ayuda: “Cuando ella llegó a casa, pidiendo refugio, pasó un tiempo de acomodamiento mutuo, y de entender la situación. Porque nosotros no teníamos demasiada información, Mari es una persona afectuosa pero muy reservada. Así que durante dos meses, muy de a poco, nos fue contando lo que le había pasado”, relata Yurcovich, en diálogo con EL DIA.
A medida que la trama se revelaba, la idea del documental tomaba forma en la cabeza de las directoras. Hasta que “le propusimos hacer la película, con mucha incógnita de qué iba a responder. Mari aceptó de buen grado desde el comienzo: primero preguntó por qué a ella, si su historia es como la de cualquiera, pero aceptó, y a lo largo del rodaje se fue involucrando y valorando cada vez más lo que estaba haciendo”.
La cineasta, co-directora de la premiada “El ambulante”, cuenta que en el comienzo del rodaje “no sabíamos qué podía pasar: ni siquiera sabíamos si ella no iba a volver rápido con su marido”. Sin embargo, “Mari hizo un proceso notorio en el transcurso de la película. Ya la inició con una decisión y lo que vemos es que con la realización de la película la reforzó", según le contó Turkieh a la agencia Télam.
“Mari nos sorprendió incluso a nosotros”, dice Yurcovich. “Una de las primeras cosas que nos dijo es que quería volver a la escuela. Nunca había terminado la primaria y cuando la quiso terminar su esposo no quería, le dijo ‘qué vas a ir a hacer, ya sos vieja para estudiar, vas a ir ahí a encontrarte con muchachos’... Se mezclaba la desvalorización con los celos… Pero ella empezó con mucho empuje a hacer la escuela primaria, la terminó, y quiso seguir estudiando. Ya terminado el rodaje, terminó la escuela secundaria, en el medio de la pandemia, con clases online”.
En el procesode rodaje, “creo que Mari comenzó sin mucha conciencia de lo que significaba, pero a medida que avanzábamos en el rodaje fue entendiendo que eso tenía un potencial importante para otra gente”, opina Yurcovich. Y cuenta que de hecho "hubo mujeres que se acercaron a Mari después de ver la película, cuando se exhibió en el BAFICI, contándole su decisión de cambiar de vida”. Incluso antes del estreno, relata la directora, el proceso de Mari generaba ondulaciones en la marea: durante el rodaje, a la protagonista del filme la llamó una vecina, una amiga, para charlar con ella porque también se había ido de su casa. “Estoy en la misma que vos”, le dijo.
Es que lo que revela la cámara que sigue a Mari son los problemas estructurales que atraviesan el género y la clase social, el sometimiento y la violencia, la falta de acceso a la educación, el círculo de silencio. “Muchas de esas cosas fueron apareciendo”, dice Yurcovich, “y nosotras estábamos con las antenas paradas”.
¿Puede entonces servir el cine de impulso para inspirar y cambiar las cosas? “Son herramientas para pensar, para sacudir. Y también para disfrutar, porque no sirve de mucho algo que simplemente muestra una problemática si al mismo tiempo no le produce al espectador una emoción, un disfrute, ganas de seguir viendo qué pasa con eso que le están mostrando en pantalla. De todas formas, el cambio después lo tienen que hacer las personas: las películas no cambian la realidad, en todo caso le darán a la gente ganas de cambiar, cosas sobre las cuales pensar”, responde Yurcovich.
La película se mostró por primera vez en el BAFICI y tiene ahora su estreno en pantalla grande, en el Gaumont, “un lujo”, dice Yurcovich, porque “aunque hoy no existe eso de encontrarse en el hall, charlar, quedarse conversando, por el tema de los cuidados del COVID, de todos modos ver la película en pantalla grande, con otra gente, es una felicidad”. A la vez, se puede ver a través de la plataforma del INCAA Cine.Ar en todo el país.
Y llega en un momento donde no solo la violencia de género, agudizada en la pandemia, se revela como una problemática aguda y lejos de ser superada; también el cine, a causa del COVID y el cierre de las salas, sufre.
“La situación es muy compleja: el cine no puede existir sin apoyo estatal, si uno lo deja librado al mercado estaríamos mirándonos a nosotros mismos con ojos de Hollywood”, lanza Yurcovich al respecto. Y cierra: “En una situación donde el INCAA está prácticamente paralizado, no se cumple la Ley de Cine, donde estamos en riesgo de que termine el impuesto que nutre el fondo de fomento del cine. Necesitamos que el Instituto se ponga en movimiento, que se cumpla la Ley de Cine, y también que se empiece a gravar impositivamente, para el fondo de fomento, a todas las plataformas nuevas: buena parte del cine circula hoy por las plataformas, no por las salas, un proceso que se agudizó por la pandemia. Entonces, si la gente va a ver cine en esas pantallas, que esas pantallas aporten para que podamos tener nuestro cine”.
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