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Ocurrencias: garchados y aburridos

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Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

La propuesta de Victoria Tolosa Paz es concluyente y obvia: “Hay que garchar”. Es el programa de una señora romántica lanzada en campaña. ¿Alguien puede cuestionar su consejo? Un día antes, la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, al tener que dar explicaciones sobre la cruel y multiplicada delincuencia de estos días, había dicho otra barbaridad: “Suiza es más segura, claro, pero es más aburrida”. En cambio por aquí, todo es animación y barbarie.

El ministro de Seguridad bonaerense, que no se traga todos los sapos, salió a pegarle: “Durante la pandemia -dijo Sergio Berni-, (ella) estuvo de fiesta y nosotros en la Provincia en vez de estar de fiesta estuvimos trabajando”. Y redobló la palabra “fiesta”, que a esta altura es un sustantivo maldito. ¿En Olivos habrán podido festejar los goles de la Selección? Pero, ¿qué es lo divertido para Frederic? “Yo sigo viviendo en Temperley y ando con custodia”. O sea: divertida pero protegida. Y poniéndose lejos de la tediosa Suiza y de los balazos del conurbano. Sabina metió la pata, quiso corregirse y no pudo, pero la compañera Tolosa Paz al otro día salió a rescatarla con una receta superadora: “Hay que garchar, con el peronismo siempre se garchó”. ¿Si sos afiliado, fifarás mejor?

Victoria, con hijos y nietos del corazón, es una abuela que recomienda garcha y una mami que pide votos

Mientras Paula Oliveto organizaba sus mocos, Fernando Iglesias visitaba zona de testículos

Frederic pareció insinuar que la tranquilidad no es divertida, que el verdadero disfrute incluye el miedo, que los violentos son entretenidos y que los ataques callejeros mal o bien amenizan las tardecitas criollas. Por eso Victoria salió a subirle el precio a lo divertido: “No hay felicidad sin garchar”. Hizo su arenga disfrazada de muchachita callejera. Pero desafinó y sonó chocante, forzada y tribunera.

En esta campaña, tan huérfana de ideas y debates, la semana aportó su cuota de guarangadas y desatinos gracias a este desfile de malas comparaciones y buenos desahogos. Las expresiones de la ministra y de la candidata, que terminaron confundiendo hasta los propios, dejaron flotando unas preguntas capciosas: ¿Cómo serán los suizos en la cama? ¿Se animarán a explorar el cucu de la señora en busca de algo divertido? ¿No les podremos regalar unos motochorros para que no se aburran tanto? Victoria confiesa tener tres hijos y una ponchada de nietos del corazón. Es una abuela que recomienda garcha y una mami que pide votos. En la recta final, decidió salir con los tapones de punta cuando tomó nota de la apatía juvenil ante las urnas y vio que la oposición en pleno acto partidario articulaba mal gusto y frescura apelando al despliegue de tres candidatos: mientras Paula Oliveto organizaba sus mocos, Fernando Iglesias con mano firme visitaba zona de testículos y Sabrina Ajmechet se acomodaba otros pelos. Todo eso, tan desenvuelto y desestructurado, sucedía en el escenario y frente a las cámaras, mientras María Eugenia Vidal con su carita de ángel daba su relato con las manos quietas y preparaba su arenga sobre el porro y sus territorios. “Si él hace campaña desde la bragueta -pensó Tolosa Paz- entonces hay que preparar el terreno para ir por todo”. Y ahí nomás eligió su mensaje: “Nosotros vinimos para hacer posible la felicidad de un pueblo y la grandeza de una patria y no hay felicidad de un pueblo sin garchar”. Está bien recordárselo a esos vecinos y vecinas que andan distraídos y se olvidan de hacerlo. Gente desganada ante la grandeza. A todos esos les recordó que no importa si tienen deseos o no, hay que garchar seguido, aunque sea por la patria. ¿Teléfono para Pepe Albistur? Quizá ella le esté pidiendo que se ponga en modo justicialista y no afloje. Que piense menos en la victoria del 12 y más en la Victoria de entrecasa.

El filósofo Martín Heidegger dijo que el lenguaje es la casa del ser. Y los filólogos completaron la idea: “El lenguaje no solo representa la realidad, también es su máscara, su teatralización interesada”. Está claro: una palabra o un gesto fuera de lugar, puede malograr el mejor mensaje. Semana divertida: la grieta rondó por la entrepierna, La Marcha ganó una nueva estrofa (“Los muchachos tolosanos /todos unidos garcharemos”) y la tormenta de Santa Rosa trajo relámpagos de guasadas y disparates.

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