Enamorado de su profesión, ejerció la pediatría con una profunda vocación; y fundamental su labor en la Guardia del Hospital de Niños “Sor María Ludovica”, sus virtudes excedieron las tareas del médico, pues sus compañeros de trabajo destacaron su excelente humor, su conversación amena y su contagiosa alegría. Por eso, provocó una enorme tristeza el fallecimiento de Daniel Oviedo, quien fuera jefe de ese emblemático servicio asistencial, docente de la facultad de Medicina y un gran maestro de las generaciones más jóvenes.
Daniel Jorge Oviedo había nacido el 15 de septiembre de 1953. Hijo de Blanca Bellatón y Doroteo J. Oviedo creció junto a su hermano Ekel. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Anexa y los secundarios en el Colegio Nacional (promoción 1967/1972).
En 1981 se casó con Élida Ortiz, con quien tuvo cuatro hijos: María de los Angeles, Mercedes, Mariano, e Isidro. Construyó junto a su esposa una familia unida, de lazos muy sólidos, que completaron sus nietos Jesús y Magdalena.
Se recibió de médico en 1979 en la UNLP y se formó en la especialidad de pediatría. Luego de haber contraído matrimonio se mudó a Florencio Varela, donde fue reconocido por esa comunidad por su dedicación, calidez en el trato y amor a los niños, cuyo cuidado fue su permanente desvelo.
Ejerció la docencia como Jefe de Trabajos Prácticos de la Cátedra de Pediatría “A” de la facultad de Ciencias Médicas. Y no obstante haberse mudado de La Plata, su apego por el Servicio de Emergencias del Hospital de Niños platense, donde fue durante muchos años jefe de guardia y docente, lo mantuvo semanalmente presente en esta ciudad. En dicho ámbito supo guiar a los profesionales jóvenes, contagiándoles su pasión por la pediatría.
Esa dedicación a la medicina no le impidió volcarse a otra de sus pasiones: la música. Primero integró varios conjuntos musicales hasta que se graduó, y luego con su guitarra, animaba los encuentros con familiares y amigos, a quienes le gustaba divertir y agasajar con sus virtudes gastronómicas.
Socio e hincha fanático de Estudiantes de La Plata, supo disfrutar con su hermano de las distintas gratificaciones que le brindó el club de sus amores.
Hasta poco antes de partir siguió reuniendo con sus compañeros del Colegio Nacional.
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