20 de enero de 1515
Juan Díaz de Solís arriba al Río de la Plata: la expedición navegaba a la vista de tierra, pasando el «cabo de Cananea» (Cananéia, el 6 de enero) y alcanzó una isla a la que Díaz de Solís denominó «de la Plata» (posiblemente la «Isla San Francisco» o la isla de Santa Catalina. Luego, prosiguió explorando la costa riograndense y la uruguaya, pasando el «cabo de las Corrientes» (posiblemente el de Santa Marta Grande) y la «isla de San Sebastián de Cádiz» el 20 de enero (cercana al cabo Polonio), alcanzando la isla de Lobos y Punta del Este el 2 de febrero. Allí tomó posesión de la tierra en nombre del rey de España, erigiendo una cruz al son de trompetas ante el escribano Alarcón, llamando al lugar «Puerto de Nuestra Señora de la Candelaria» (posiblemente en la actual Maldonado). En la capitulación se indicaba que la toma de posesión se hiciera «donde haya algún cerro señalado o árbol grande».
20 de enero de 2000
Un eclipse total de Luna deslumbró a la Ciudad: el primer eclipse total de Luna de ese año pudo observarse con gran nitidez en La Plata. En nuestra Ciudad no fueron pocos los vecinos que esperaron el fenómeno natural en las cercanías del Observatorio, como así también en las terrazas de los edificios. En tanto, muchos platenses, aprovechando el agobiante calor que aún perduraba, fueron hasta la ribereña ensenadense y desde Punta Lara aguardaron para observar el fenómeno. Expertos explicaron que “un eclipse total de Luna se verifica cuando todo el disco del satélite se encuentra completamente inmerso en el cono de sombra que la Tierra proyecta al espacio”. El fenómeno, tuvo una duración de cinco horas y veinte minutos, por lo que comenzó a las 23.03 con el primer contacto con la penumbra, para finalizar a las 4.22 con el último contacto. “La parte más visible del eclipse comenzó a la medianoche, cuando la Luna ingresó en el cono de sombra de la Tierra”, agregaron desde el Observatorio. El punto más favorable para observar el fenómeno fue América, por la posición de la Luna en el momento del eclipse. El hecho de que el color rojo sea muy intenso se debe a que “no se produjeron en los últimos tiempos grandes erupciones volcánicas, las cuales emiten una gran cantidad de dióxido de carbono a la atmósfera, por lo que ésta va a permanecer bastante pura”, se explicó. “Esto se diferencia del eclipse de sol, que es perjudicial para la vista por la gran cantidad de luz que se verifica en el momento del fenómeno”, se indicó.
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