9 de enero de 1846
Guerra del Paraná - Combate del Tonelero: Fue una de las tres batallas que se sucedieron en el Paso del Tonelero entre las cercanías de lo que hoy es San Nicolás y Ramallo, al mando del general Lucio Norberto Mansilla en el marco de la Guerra del Paraná. Desde las tropas argentinas cañonearon un convoy anglo francés de tal forma que los dejaron diezmados aunque pudieron seguir hasta lo que unos días después, el 16 de enero, serían derrotados en las cercanías de San Lorenzo. Se trataba de un convoy comercial de unos 100 buques mercantes, acompañado por la flota extranjera, de unos 15 buques de guerra, que zarparon en noviembre de 1845 de Montevideo y que habían emprendido el Paraná río arriba en dirección a Corrientes días atrás el 1 de enero, con el objetivo de abrir la posibilidad de comerciar, y llevando la idea que con la gesta de la Vuelta de Obligado del 20 de noviembre pasado, en su primer enfrentamiento con de argentinos y proclamándose victoriosos, las fuerzas anglo francesas habían logrado facilitar su tránsito por aguas argentinas, pero no fue así, y de comienzo nomás Mansilla y sus cañones hicieron fondear 4 buques extranjeros, obligando a todo el convoy a retirarse hacia la zona de islas, a lo cual serían perseguidos pero ahora por tierra, alcanzándolos al llegar al Puerto de Acevedo.
9 de enero de 2002
Una mañana a puro cacerolazo en la Ciudad: Las ya famosas cacerolas de la protesta se transformaron también en el estandarte de los reclamos de los empleados de la Universidad Nacional de La Plata que aún no habían cobraron el sueldo de diciembre ni la segunda cuota del aguinaldo 2001. Tras cortar el tránsito en la avenida 7 durante más de una hora, los manifestantes indicaban que “estas cacerolas no son para que se vaya alguien, sino para aparezca el dinero que permita llenarlas con alimentos”. El lunes anterior, los docentes, alumnos y padres de la UNLP que conforman ese nucleamiento montaron una olla junto al busto de Joaquín V. González y propusieron una “educación a la cacerola”. “Lo último que nos queda por comer son los libros con los que estudiamos. Y que quede claro que comeremos papel pero no comemos vidrio”, explicaron. Las asambleas públicas fueron el otro símbolo de esta protesta de los empleados de la Universidad, que ya llevaba tres días consecutivos y tuvo una nueva jornada con la toma del Rectorado. Se resolvió mantener el estado de movilización e instalarse en el patio del edificio de 7 entre 47 y 48 hasta que aparezcan los fondos.
SUSCRIBITE a esta promo especial