Manuel tiene 42 años y junto a su esposa Paula y sus hijos, Salvador y Victoria, planearon el viaje y acompañaron en la consagración al equipo argentino. Ellos, de Gimnasia. Ellas, de Estudiantes. El periplo, pensado desde su casa de Aranja, tendría un bonus track en Lusail a la emotiva e intensa experiencia del título mundial a miles de kilómetros de casa.
“Con muchísima fe de que íbamos a ser campeones y tener la tercera, se me ocurrió llevar una réplica exacta de la Copa del Mundo, mismo peso, mismo tamaño y mismo color. Contacté una gente que las hace. Tardaron 6 meses y por fin llegó”, contó Manuel.
El tema era ingresarla al estadio Lusail. Costó. “La policía de control no nos dejaba y con la ayuda de un amigo discutimos hasta que la pasamos”, explicó. Lo especial llegó después: en la búsqueda de firmarla por los protagonistas (lo hicieron Lautaro Martínez, Guido Rodríguez y Leandro Paredes), en un momento se la llevaron al campo de juego y como la original ya había sido guardada por la FIFA “todos los familiares se terminaron sacando fotos con nuestra réplica de la copa”.
“Viajamos el 17 a Qatar y el 27 volvemos”, contó Manuel, quien vivió de manera muy especial la final ante los franceses. “La vivimos con mucha fe y a medida que se acercaba el día, con nervios. Empezado el partido estábamos tranquilos porque la Selección estaba jugando bien. Terminó el primer tiempo y estábamos bien, muy emocionados”. Pero...
“Cuando llegaron los dos goles de Francia se nos vino el mundo abajo. Se te cruzan muchos pensamientos. La tristeza por Messi y por los demás muchachos, pero seguimos alentando y teniendo fe y se dio”, expresó Manuel.
“Cada penal fue un parto, pero en la cancha pasa más rápido que en la tele y cuando nos quisimos acordar estábamos todos abrazados festejando”, completó. Ahora, Manuel, Paula, Salvador y Victoria, volverán a La Plata como Messi. Con la Copa.
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