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De civiles a milicianos, como es la resistencia en un pueblo cerca de Kiev

Dos milicianos ucranianos

Por Redacción

Los milicianos de Obujiv, localidad de 30.000 habitantes a medio centenar de kilómetros al sur de Kiev, no son otra cosa que civiles ucranianos armados, que antes del conflicto bélico eran hombres comunes, y que ahora se han unido a las Unidades de Defensa Territorial, un cuerpo desplegado en todo el país, al que pueden unirse firmando una especie de contrato y que Kiev sostiene que actúa solo en tiempos de guerra.

Desprovistos de los recursos de las grandes ciudades o del Ejército regular, su misión es ser la retaguardia, mientras los militares luchan en los principales frentes de batalla. Y sus labores son las de garantizar el orden público y ayudar a proteger los lugares estratégicos que hay como, en el caso de Obujiv, la cercana planta de procesamiento de papel y la central eléctrica regional.

“El problema es que muchos (milicianos) no tienen nada o poca experiencia, y se defienden como pueden”, cuenta uno de ellos, que pide que se lo identifique como “Patriota”, por no tener permiso de sus superiores para hablar con la prensa.

“En los pueblos más pequeños, algunos ni tienen armas de gran calibre. Solo luchan con navajas, fusiles de caza y sus cuerpos, en barricadas improvisadas”, confiesa este miliciano, que solía trabajar como recaudador de impuestos.

Por la situación que se vive en el lugar, se ha establecido una especie de manual para los interrogatorios a las personas que quieren entrar y salir de la ciudad.

“Eso incluye pedir a aquellos que llegan que pronuncien el sustantivo ‘palianiza’, la palabra ucraniana para decir ‘pan’”, indican los milicianos, para agregar que, según ellos, los rusos no la saben pronunciar correctamente. “Ni los rusos ni los extranjeros”.

El miliciano se disculpa ante los periodistas que primero han sido interrogados. “Siento que estén teniendo todos estos problemas. En tiempos normales no sería así. La verdad es que mi gente tiene mucho miedo y por eso se comportan de esta manera”, se justifica.

En la plaza de Rynok en Lviv, ciudad cercana a la frontera con Polonia, Taras, que hasta la guerra trabajó como informático y que pese al uniforme militar tiene poca pinta de ser de armas tomar, explica que la decisión de unirse a las milicias se debe a que “muchos decidieron que no podían quedarse con los brazos cruzados y decidieron defender a sus familias y amigos”. Pero también dice que los recursos no sobran, a pesar de que se han alistado muchos jóvenes.

“Uno de los principales obstáculos que tenemos es que no tenemos ni lo que necesitamos para los entrenamientos, que por eso se realizan solo cuando es posible, y no con la regularidad que se necesitaría en estos momentos”, afirma.

“Un entrenamiento se llevó a cabo esta semana, pero el siguiente no sabemos”, afirma.

Y agrega: “Tal vez sea en unos días, tal vez pase más tiempo, tal vez un día esta guerra acabe, aunque dudo que eso ocurra rápido”.

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