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Alfredo González

Por Redacción

El fallecimiento del ingeniero Alfredo González provocó distintas expresiones de dolor, tanto en el ámbito académico de la Universidad Nacional de La Plata, como en los que desarrolló su profesión. Idoneidad, sencillez y calidad humana fueron algunos de los atributos por los que se ganó el afecto de quienes lo conocieron.

Había nacido el 9 de mayo de 1955 en Bragado, Buenos Aires. Sus padres fueron Carlos Alfredo González y Adelina Sama y creció junto a su hermana Mirta González. En esa ciudad cursó sus estudios primarios y secundarios.

Luego ingresó a la Universidad Nacional de La Plata de la que se graduó como ingeniero metalúrgico y, tiempo después, se doctoró.

En la faceta profesional, participó de la restauración de edificios históricos. Entre otros, la caracterización química y tratamiento de envejecimiento artificial de los ornamentos de latón de los ventanales del Palacio del Congreso de la Nación, en 2013; mantenimiento y metodología de operación del sistema de izaje de la araña del salón Azul de la Cámara de Senadores de la Nación, en 2013; especificaciones técnicas del sistema de izaje de la luminaria central del salón Azul del Palacio del Congreso de la Nación, en 2014; determinación de la condición de integridad de los ventanales del salón Azul del Honorable Senado de la Nación, en 2013; y especificaciones técnicas para la restauración y puesta en valor de los ventanales de la cúpula del salón Azul del Senado de la Nación, en 2014.

Además, dirigió los siguientes proyectos de investigación: alternativas al uso de sales de cianuro en los tratamientos térmicos superficiales; tratamiento del baño líquido en la recuperación de chatarras de aluminio; reciclado del material de envases de aluminio para bebidas; interacciones entre inclusiones y/o segundas fases, porosidad y propiedades mecánicas en aleaciones de aluminio.

Consolidó su proyecto familiar junto a Viviana María Segura y de la unión nacieron sus hijos Joaquín, Ezequiel y María Belén. También tuvo la felicidad de convertirse en abuelo de Eva y Dante. A todos se dedicó por entero y de manera amorosa.

En el tiempo libre le gustaba dedicarse a la carpintería y disfrutar del taller que montó en su casa. También tuvo una gran afición por las plantas y llevó adelante su propia huerta. Sus allegados lo definieron como un hombre sociable y humilde que asumió un firme compromiso con el prójimo y fue un gran guía y consejero.

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