Reconocido por su destacada trayectoria dentro de la oftalmología de la Ciudad y apreciado y querido no sólo por su familia sino por cantidad de amigos y colegas debido a sus virtudes personales, provocó gran dolor la muerte del médico Alejandro Giménez Giménez, ocurrida cuando transitaba los 65 años.
Alejandro Daniel Giménez Giménez había nacido el 23 de marzo de 1957 en La Plata, dentro de un hogar numeroso. Su padre, Enrique Giménez Giménez, era contador, y su madre, Mabel de Franco, ama de casa. Tuvo cinco hermanos (Gustavo, Sergio, Mabel, Guillermo y Javier) y él fue el tercero de los hijos del matrimonio. Se recibió de bachiller en el Colegio San Luis, una institución que además de prepararlo en lo pedagógico para su ingreso a la Universidad lo influenció en su pasión por el rugby, deporte que practicó durante sus años jóvenes en el club marista y que lo tuvo luego como socio y un entusiasta seguidor de la actuación del equipo. También en las aulas del establecimiento de la avenida 44 se dio el comienzo de amistades que duraron toda la vida.
En diciembre de 1980 se recibió en la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata y se especializó en oftalmología siendo residente en el Hospital “Rodolfo Rossi”. Sus primeras atenciones las realizó en un consultorio que compartió con un puñado de socios. Hasta que junto a otros dos especialistas de la salud visual abrió la Clínica de los Ojos en la calle 42 entre 10 y 11. Ahí se entregó generosamente a la profesión, como así también a la formación en la disciplina de las generaciones que lo prosiguieron.
Participó de manera activa, asimismo, de la vida institucional de la Sociedad Platense de Oftalmología, donde ejerció los cargos de presidente y tesorero.
Se había casado con Alejandra Gallach, con quien construyó una sólida familia. Adoró a sus hijos: María Julia, Gonzalo, Inés y Milagros. Tuvo, además, dos nietos: Amparo e Hilario.
Repartió su interés y dedicación entre sus seres queridos, la profesión y los amigos.
Las vacaciones de todos los veranos junto a los suyos en el sur de Brasil se contaban entre los momentos de mayor dicha.
Extrañarán quienes tuvieron la fortuna de conocerlo su carácter afable, su humor lleno de ocurrencias y su predisposición a siempre dar una mano a quien lo necesitara.
Fue hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata.
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