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El millonario negocio detrás de las “Tríadas”

“Espero que la Justicia actúe con dureza porque la comunidad quiere trabajar en paz. Siempre somos los que pagamos los platos rotos” Yolanda Durán Presidenta de la Cámara de supermercadistas de países del sudeste asiático

Por Redacción

Estas organizaciones delictivas operan desde hace al menos dos décadas en nuestro país y tienen un oscuro trasfondo

Los supermercados chinos en la ciudad de La Plata forman parte de la postal de cada barrio.

Alrededor de 120 mil viven actualmente en Argentina y son la cuarta comunidad más grande del país. Sin embargo, durante la pandemia de Covid-19, muchos de los ciudadanos que viajaron a China no pudieron volver, incluidos los dueños de los comercios. Estos locales son atendidos por los legítimos propietarios o sus familiares.

Con la llegada de los miembros de esta comunidad hace al menos dos década, también arribaron organizaciones criminales.

Según la Interpol, los miembros de estos grupos organizados, a menudo tienen vínculos comunes como, por ejemplo, lazos geográficos, étnicos o incluso de sangre.

En la base de esta conexión se encuentra un lazo sólido, y frecuentemente inquebrantable, que promueve la devoción y la lealtad.

En esta categoría delictiva entra la “mafia”. Con origen proveniente de la región de Sicilia, Italia, la mafia era considerada una confederación dedicada a la protección, al ejercicio autónomo de la ley.

Incluso, sus miembros se denominaban a sí mismos como “mafiosos”, es decir, “hombres de honor” y empleaban una serie de códigos inviolables.

Hoy en día, el término es utilizado a nivel mundial para denominar a una clase especial de crimen organizado y secreto, a toda agrupación sin escrúpulos, banda de explotadores o gente del mal vivir.

Todos estos apelativos podrían aplicarse a un fenómeno que se ha extendido en la región latinoamericana y en nuestro país, pero del cual poco se habla al respecto.

Un problema de fondo

La mafia china es el colectivo criminal más extendido y poderoso del país. Para empezar, no existe una única banda. Ellos extorsionan supermercadistas, bazares y restaurantes de su propia comunidad. Controlan supermercados, giran dinero a China, lo filtran a través de cuevas financieras. Luego, reclutan a sus sicarios entre barrabravas y otros delincuentes acelerados del conurbano.

Una de las formas más comunes de la organización llamada “Tríada” es captar personas en situaciones de vulnerabilidad y trasladarlos a otros sitios del mundo. A los ciudadanos se les muestra el país donde van a vivir como una especie de “sueño americano”, donde se harán ricos. Una vez que seducen a la víctima le otorgan 10 mil dólares de préstamo para gestionar los pasaportes y la documentación necesaria para trabajar, todo de manera legal.

Una vez instalados en el país, deben pagar una cuota mensual en dólares, para que no “haya problemas”. Se convierten en socios eternos.

Estas organizaciones criminales obtienen ingresos a través de la extorsión, y recurren a la violencia cuando los propietarios no cumplen con sus exigencias.

Además de pedir dinero, obligan a sus compatriotas a mantener los mismos precios de los productos para no generar competencia entre ellos. Este también suele ser un motivo por el cual son amenazados. Incluso, algunos lo pagan con su vida.

Cuando la mafia china comenzó a operar en nuestro país, los propietarios de los supermercados que pagaron la cuota exigida pintaban en el frente del local la figura o el símbolo de la tríada que indicaba que contaban con la protección del grupo y que ninguna otra banda podía cobrar en ese negocio. En la actualidad, esa práctica fue reemplazada, de forma gradual, por el cartel expuesto en un lugar visible del local o al alcance del encargado.

A pesar de la crisis por la caída de ventas durante la pandemia, los distintos grupos a fuerza de miedo, balas y sangre, recaudaron más de U$S 20.000.000 en concepto de extorsiones a los supermercados del conurbano durante el último año.

Quedará en manos del Estado fomentar el estudio de estas organizaciones y alcanzar mejores grados de conocimiento sobre su actividad, para conocer a fondo sobre este fenómeno que existe y que, probable, se siga expandiendo, y así también perjudicando la seguridad y la calidad de vida tanto de argentinos como de chinos, aquellos que llegan al país en búsqueda de un sueño y terminan viviendo en una pesadilla.

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