Se casó con un reconocido médico de la Ciudad, se encargó del cuidado de seis hijos, pero fue reconocida en todo el país cuando advirtió, en la década del 90, ya “malcriando” a varios nietos, que en muchos casos la pobreza llevaba al delito, y se le ocurrió entonces sacarle el revólver a los más jóvenes a cambio de dinero de su propio bolsillo. Logró juntar de a miles. Falleció Lidia Beatriz Ortiz viuda de Burry y de ella queda el recuerdo de “la abuela de las armas” como se la llamó, justamente, por aquella inédita y solitaria iniciativa.
Hija de un matrimonio de inmigrantes españoles (Fructuoso Ortiz y Delfina Martínez) había nacido en Brandsen el 30 de junio de 1925. Parte de la educación primaria la cursó en ese pueblo y la completó, como alumna pupila, en el colegio “Inmaculada” de esta ciudad, donde también realizó los estudios secundarios.
Inducida por el deseo materno, ingresó al profesorado de Geografía de la facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. No era esa la carrera que hubiera elegido, pues su vocación se inclinaba hacia el lado del arte. Sin embargo, se recibió y ejerció la docencia en los colegios Nacional y Legión. De todos modos, despuntó el gusto por la plástica en lo que era la Facultad de Bellas Artes, cursando varias materias, y dedicándose luego, con el correr de los años, a la cerámica y la pintura.
Ese impulso a aliviar la vida de las personas más necesitadas y a combatir la inseguridad canjeando dinero por armas se le despertó ya jubilada y con los hijos crecidos, cuando visitó junto a un grupo de amigas que llevaban adelante tareas solidarias, un comedor comunitario de San Carlos. Solía contar que esa experiencia representó un punto de inflexión en su vida: a partir de la vivencia con esa realidad social comenzó con la obra para sacar de la calle y de la delincuencia a los adolescentes, lo que prosiguió con campañas de recolección de donaciones para diferentes barrios de la localidad de Villa Elvira y contribuciones, a través de C.A.E.S.A., a comunidades de pueblos originarios radicadas en el norte argentino.
Se había casado con el destacado neurocirujano César Burry y con él tuvo a César, Susana, Guillermo, Ricardo, Jorge y Eduardo (falleció hace unos años). Con el tiempo llegaron los nietos (19) y después los bisnietos (7). De carácter fuerte e independiente y por momentos hasta intrépida en los proyectos que se proponía, como abuela suavizó el temple y se entregó por entero a ese vínculo tan especial.
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