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Semana Mundial de la Lactancia Materna: una conexión única

La mamá alimentando y el bebé compartiendo ese nutritivo acto de amor son el eje de esta campaña de concientización que ya lleva veinte ediciones. Testimonios de madres y expertas, contando experiencias y derribando algunos mitos

Semana Mundial de la Lactancia Materna: una conexión única

No todas las madres tienen el deseo o pueden amamantar, y eso no debe cuestionarse

Cecilia Famá

Por: Cecilia Famá
vivirbien@eldia.com

31 de Julio de 2022 | 09:10
Edición impresa

La Semana de la Lactancia Materna surge en 1992, impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el espíritu de concientizar sobre los beneficios indiscutibles que tiene esta práctica ancestral. Más que una celebración, que también lo es, se trata de una campaña destinada a promover acciones fuertes de concientización para revertir la tendencia menguante de esta práctica.

“Es importante detenernos a observar que los números, a diferencia de lo que muchos creen, no son alentadores: en Argentina, según la Encuesta Anual de Lactancia llevada adelante por el Ministerio de Salud de La Nación desde 2007, a los dos meses de vida, sólo el 58 por ciento de los bebés reciben lactancia exclusiva”, señala Evangelina Cueto, pediatra especialista en Adolescencia y consultora en Niñez y Salud Integral, Maternidad y Crianza, en clave de derechos, para subrayar el porqué de la importancia de seguir generando conciencia entre la población sobre este tema tan natural.

CADA HIJO, UNA EXPERIENCIA DISTINTA

“La primera vez no busqué mucha información, más que en Internet. La segunda me asesoré con una puericultora antes y después del parto”, cuenta Soledad Mastrogiorgio, abogada y agente inmobiliaria, sobre sus experiencias con la lactancia.

Recuerda que “tengo dos hijos, Sara, de 6 años y Evaristo, de 3. Amamanté a los dos, pero fue diferente. Sara nació y no se prendió, a mi no me salía leche, y ante la desesperación le dimos mamadera. Desde el primer día su alimentación fue mixta, pero a los 3 meses no me salió más leche. No consulté con nadie, y dejé que ocurriera, no tuve más y no le di más. En cambio, con Evaristo me propuse intentar lograrlo sí o sí. Cuando nació quedó en neo, por un distrés respiratorio. Por mi cabeza lo primero que pensé fue que no iba a poder darle la teta enseguida. Me asesoré con la puericultora, que me indicó cómo hacer y además hablé con las enfermeras de la neo que me dijeron que le diera la teta ahí, pero después de tomar la mamadera. Pese a que también tomó sus primeros días la mamadera, y además mi leche, cuando nos fuimos a casa siguió con mi teta de manera exclusiva, y así fue hasta los 6 meses, momento en el que de un día a otro no quiso más”.

La mamá de Sara y Evaristo asegura que “siento que la lactancia es importante porque es una conexión única con el bebé; es una manera inmensa de dar amor. Pero también creo que cada una tiene que hacer lo que pueda. Sin juzgar”.

El destete? “Fue fácil. Ambos fueron cuando ellos no quisieron más, o me mordían o hacían el gesto con su cara de no querer. Así lo entendí y lo permití”.

Por último, Soledad reflexiona: “sabemos que fisiológicamente estamos preparadas para amamantar, pero también debemos estarlo mentalmente, y lo más importante para mí es hacer lo que cada una sienta. Dando siempre lo mejor “.

Soledad Mastrogiorgio con su bebé de pocos meses, hace unos años

También con dos hijos y con dos experiencias con la lactancia totalmente distintas, Marieta Vagnoni asegura haber derribado algunos prejuicios y mandatos para poder amamantar con más conciencia y disfrute.

“Tengo dos hijos. La más grande, Amalia, nació en 2012 y el más pequeño, Oliverio, nació en 2014. A la más grande me costó amamantarla a demanda. Estaba más enfrascada en el mandato de ‘dale cada tantas horas’ o ‘complementale con una mamadera’. No investigué lo suficiente. No me asesoré lo suficiente como para respetar el vínculo con ella y darme cuenta que en ese tiempo de los inicios de conocerse y de alimentar y alimentarse estaba bueno respetar mi cuerpo y el suyo, que generalmente se sincronizan: el bebé tiene hambre y las tetas empiezan a llenarse de leche, y viceversa. El llanto del bebé puede activar la bajada de la leche. Son todas cosas que fui aprendiendo en el transcurso de mi primera experiencia amamantando, con mi primera hija”, recuerda la periodista, vecina de Villa Castells.

“La lactancia es una manera inmensa de dar amor. Pero cada una tiene que hacer lo que pueda”

Soledad Mastrogiorgio,
Abogada y agente inmobiliaria

 

“Me costó un poco empezar a darle teta a demanda, cuando empezaba a llorar o cuando yo intuía que tenía necesidad de tomar la teta o tenia hambre. Al día de hoy, considero que empezar a hacerlo fue una gran decisión porque nos tranquilizó a todos . Pude disfrutar mucho de esa situación sin sentir que me estaban juzgando por mi manera de criar, de alimentar”, se enorgullece.

“Al año y medio de mi hija más grande, yo quedé embarazada de mi hijo menor y ésa fue una situación por la cual desteté, porque ya me dolían las mamas, estaba incómoda, me empezó a crecer la panza. A mí no me ha pasado, pero dicen que si estás amamantando embarazada pueden surgir contracciones… decidí no darle más la teta, además, porque ella ya comía, se alimentaba con otras cosas. Seguimos igual, bastante pegadas físicamente, porque seguía siendo un bebé”.

“El destete, cuando es paulatino, no trae problemas, porque la lactancia se va dejando de a poco”

Marieta Vagnoni,
Periodista

 

Al recordar esos tiempos, Marieta hace foco en que “en esto de costarme un poco esto de amamantar a demanda, pensaba que no me iba a alcanzar la leche. Después entendí que la producción de leche se genera justamente a partir de la demanda. Es decir, cuanto más se succiona, más se produce. Por eso, el destete, cuando es paulatino, no trae grandes problemas, porque la lactancia se va dejando de a poco, se empieza a producir menos leche, hasta que, en definitiva, termina siendo un destete natural, paulatino. Si uno deja de amamantar de un día para el otro, lo más probable es que la producción de leche siga a alta escala y que sea más difícil que dejes de producirla”.

“En ese momento en el que no supe bien si seguir los mandatos o respetar lo que nos pasaba, me acerqué al doctor Gustaco Sajer, que es un pediatra especialista en lactancia… ‘Doctor Teta’, le decíamos. Es lo más. Era director del Banco de Leche del Hospital San Martin, un experto en lactancia. Y creo que es el mejor lugar al que pude recurrir para asesorarme. Me acuerdo que tomé una medicación natural para estimular la producción de leche y ahí se reacomodó todo. Empecé a producir un montón y Amelia empezó a tomar mucho. Esa pequeña-gran ayuda fue la que definió mi presente en aquel momento, de amamantarla de esa manera y mi futuro de hacerlo como lo hice con Oliverio, Y el poder disfrutar. Porque lo disfruté de principio a fin”, se emociona.

Marieta Vagnoni amamantando a su segundo hijo

“Con mi segundo hijo -asegura- la situación fue totalmente distinta, porque fue muy natural. En el momento que nació, me lo dieron para que lo ponga en la teta y a partir de ahí, fue como un ‘no parar’. No parar de respetarnos las ganas de darle la teta a su demanda. Sobre todo, por esa sincronización mamá/bebé”.

“Tuve una lactancia muy extendida, creo que porque tanto mi hijo como yo disfrutabamos mucho de ese momento. Y además porque sabíamos que darle la teta era alimentarlo con lo mejor que podía producir mi cuerpo y con lo que él necesitaba para ser alimentado. A los 6 meses ya pesaba 10 kilos, alimentándose sólo a teta. Y empezó a comer a los 6 meses y después pasó el año. El destete fue a los 3 años largos, fue paulatino. El último tiempo ya era muy agotador para mi, porque me dolía la espalda, no sabía cómo dormir… Fue paulatino y fue muy natural también. De a poco. Se le pusieron palabras, pero las palabras indicadas: ‘mamá está cansada’, ‘vos ya estás grande’, ‘ya comés de todo’, ‘necesitamos dormir mejor’. No significaba desapegarse. Eso era lo que había que poner en palabras. La verdad es que no me arrepiento de haber amantado todo ese tiempo, porque además estaba segura de que iba a ser mi última vez amamantando. Les deseo a todos los seres gestantes que puedan pasar por esa experiencia si es que la disfrutan y que respeten el tiempo que creen que necesitan… que dure lo que tenga que durar”, dice la mamá. a la distancia en el tiempo. “Veo las fotos nuestras, con él en la teta y le veo esa carita de trance y me emociona”.

Muchas mujeres se sacan leche para que sus hijos tomen cuando ellas están trabajando

ALGUNOS MITOS SOBRE EL TEMA

Sobre la lactancia, “contamos con mitos de todas las tonalidades y en este punto es muy importante la red que logre desarmarlos”, asegura Cueto, y agrega: “el más conocido pega directo en la autoestima materna y es: ‘tu leche no lo alimenta’. La evidencia científica es contundente en este punto y , más allá de encontrar diferencias en la composición de la leche de cada madre, señala que es acorde a las necesidades de cada bebé”.

“Otros mitos circundan la idea de que pasamos ‘nervios’ por la leche, que ingerimos alimentos saborizantes pensados negativamente (cuando hoy se sabe que incluso es beneficiosa la dieta variada en la madre y, eventualmente, el cambio que produce en el sabor), y muchos otros más. El punto en común de todos estos mitos, es que deterioran la autoestima materna, motor indispensable para encarar el difícil trabajo de dar la teta”.

EL INICIO DE UN VÍNCULO AMOROSO

La doctora Cueto explica que “existe consenso sobre la importancia de la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses de vida y su extensión hasta -por lo menos- los dos años. Pero esta recomendación, de ninguna manera, implica que si una madre y un bebé deciden prolongarla más allá de ese período, sea un problema. Tampoco es un tema que este lapso se acorte si tiene que ver con el deseo materno u otro motivo mediado por la decisión de la madre o el bebé. Lo central, desde mi punto de vista, es que la lactancia no se vea interceptada por razones sociales de fuerza mayor, como -por ejemplo- jornadas laborales extensas, falta de lactarios, etcétera”.

“Hay un mito que circunda la idea de que pasamos ‘nervios’ por la leche al bebé”

Evangelina Cueto,
Pediatra

 

“Yo creo que son muy pocas las madres que por verdadera preferencia no desean amamantar y, por supuesto, esa postura es respetable. Pero existe otro gran porcentaje que simplemente no cuenta con el apoyo necesario para sostener una práctica que -contra la creencia que la propone como sencilla- es muy difícil de sostener. Y ahí se arma un nudo confuso entre lo que creemos que decidimos y lo que no podemos llevar adelante porque el sistema ocluye. Pienso que el deterioro de la lactancia no es, en gran medida, por ‘falta de deseo’, sino porque nos chocamos con una cantidad enorme de obstáculos que están invisibilizados. Insisto: no hay sostén suficiente. Entre estos obstáculos de los que hablo, además del sistema laboral, hay que señalar al sistema médico hegemónico, que no cuenta ni con tiempo ni con formación general para dar apoyo. Es suficiente con detenerse a pensar en la duración de la mayoría de las consultas pediátricas: en 15 minutos, no creo que exista mínimo hueco para contener cuestiones vinculadas con dificultades de lactancia… Entonces, me pregunto, ¿ ‘preferimos’ no amamantar o se nos hace casi imposible por la carrera de obstáculos que implica?

Evangelina Cueto

La especialista en Niñez sostiene que “los beneficios de haber recibido lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses y extendida lo más cercana posible hasta los 24 meses, son conocidos. Desde el punto de vista metabólico y en relación a la prevención de enfermedades como diabetes, sabemos que haber recibido lactancia es un excelente factor de protección. Por supuesto tampoco se puede hacer una reducción porque el resto de los hitos condicionantes para desarrollar este tipo de enfermedades, también son importantes (alimentación, actividad fïsica, etc), pero es indiscutible que la lactancia es un factor de protección”.

“Desde el punto de vista psicológico, cuando es una práctica llevada adelante por el deseo, aporta beneficios vinculares y es un freno contra el estrés de la madre y del bebé. ¡También podemos pensar en beneficios comunitarios y ecológicos, porque este alimento, soberano por excelencia, es como ningún otro un protector medioambiental indiscutible! Garantizar el aporte de todos estos beneficios (que insisto: son comunitarios, no solo individuales para el binomio madre/bebé) no puede recaer solamente en las madres, por eso es importante pensar la lactancia en clave de corresponsabilidad”, finaliza la experta, a la espera de que esta nueva Semana de la Lactancia materna rinda sus frutos para concientizar sobre su importancia y valor único.

 

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