Correligionarios de la Región y líderes radicales de la Provincia lamentaron la muerte de Nelly Gamondi, quien entregó su vida a la educación y la política, y lo hizo desde un profundo sentido de la solidaridad, con acciones que no distinguían ideologías si se trataba de tender una mano a quien la necesitaba. Fue una maestra de enorme vocación y ocupó un importante cargo público cuando luego de la última dictadura militar el país recuperó el sistema democrático.
Hija de José Sebastián Gamondi y Haydée Urlézaga, nació el 7 de junio de 1929 en Olavarría. Siendo muy joven se mudó a La Plata junto a sus padres y su hermano menor, Omar, con quien tuvo un lazo muy sólido toda su vida. En esta ciudad completó los estudios en el Normal 1 y se recibió de maestra. Luego cursó algunos años de Bioquímica, pero la pasión por la enseñanza le ganó a la carrera universitaria y eligió dedicarse a pleno a dar clases en instituciones primarias. La primera labor frente a un aula la desarrolló en un establecimiento de Avellaneda, adonde viajaba todos los días en tren. A los pocos años consiguió un cargo en la Escuela 43 de La Plata y ahí ejerció la docencia largo tiempo, siempre en 7º grado. Tal fue su desempeño y la buena relación que estableció con las distintas generaciones de alumnos que aun mucho después de haberse jubilado, aquellos niños ya adultos la invitaban a participar de las reuniones anuales de excompañeros.
Nelly fue una militante radical de fuste. Desde el Comité Segunda, donde partió su trayectoria política y donde ocupó diversos cargos partidarios, visitaba los barrios de la Ciudad tratando de detectar las necesidades sociales y buscando de inmediato una solución a cada problema. Fue una de las fundadoras del movimiento “Renovación y cambio” que llevó a la presidencia a Raúl Alfonsín (con quien mantuvo una fuerte amistad). Para ella, el retorno a la democracia, por el que trabajó incansablemente, representó una de sus mayores dichas.
Durante la gestión de José Dumón como ministro de Educación bonaerense, ocupó la función de directora general de los Consejos Escolares de la Provincia.
Compartió su vida, y también los avatares políticos, con quien fuera, al inicio de la gestión del gobernador Armendáriz, ministro de Obras Públicas de la Provincia, Pablo Marín. Juntos formaron un equipo inseparable al servicio de la gente.
No tuvo hijos, pero encontró en sus sobrinos María Cecilia, Guillermo y Federico ese amor incondicional que se le brinda a las madres.
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