Falleció Dalmiro Sirabo, escultor y especialista en museología que dejó como legado un nutrido catálogo de obras que lleva su inconfundible sello personal; un referente, en definitiva, de las artes plásticas producidas en la Ciudad a lo largo de varias décadas.
Había nacido en San Luis en 1939 y, huérfano de padre cuando apenas era un bebé, creció en el seno de una familia con serias dificultades para salir adelante. A los 18 años se mudó a La Plata y adoptó esta ciudad para siempre. Cursó estudios de visión, diseño y arquitectura en la Universidad Nacional de La Plata; participó de talleres individuales. Fue museólogo y diseñador. Y ejerció cargos de gestión dentro de su especialidad, pues fue subdirector del Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata.
Durante su paso de más de treinta años por el Museo “Emilio Pettoruti” desplegó todo su saber como curador, una experiencia que le permitió organizar incontables exposiciones. Y es que Dalmiro Sirabo no sólo hizo arte sino que además fue un experto en la selección de las piezas a exponer y en el armado de muestras.
En distintos espacios públicos de La Plata se aprecia parte de su obra, como la escultura dedicada al mundo árabe, “Al Líbano”, tan característica de la plazoleta de 1 y 54, que lleva el nombre de la nación de Medio Oriente (que creó en 1971 en un trabajo en conjunto con el arquitecto Héctor Tomas) o un cuadro con su particular mirada geométrica, que se encuentra dentro de la Terminal de Ómnibus.
Autodidacta y libre de marcos referenciales, integró un sinfín de salones, presentó gran cantidad de exposiciones individuales y fue merecedor de premios con los que se distinguió a una obra conceptualizada como “informalista”. Fue un exponente del destacado grupo Sí que -a la vanguardia del resto de los movimientos culturales de la época, en los años 60- revolucionó el modo de pensar el arte.
Entre sus temas de interés ocupaban un lugar privilegiado la filosofía y la historia del arte. También despuntó su gusto por la escritura, ya que sus textos fueron prólogos e introducciones de muchas muestras.
Fue una persona generosa que escuchaba a quien solicitaba su atención y no dudaba en brindar un buen consejo; sensible; y dueño de un gran sentido del humor.
De su matrimonio con María José Morchón nacieron Dalmiro Sirabo y Violeta, mientras que con su última esposa, María Inés Bracco, tuvo a sus hijos Bruno y Delfina.
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