Cuando Heinrich Schliemann descubrió hace más de cien años las tumbas de Micenas, con máscaras de oro y riquezas, solo podía especular sobre quiénes eran las personas enterradas en ellas. Ahora, gracias a la secuenciación del ADN, un equipo de científicos liderado por el Instituto de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania) analizó un centenar de genomas de pueblos egeos en la Edad del Bronce. Los análisis permitieron conocer el parentesco y las normas que regían los matrimonios en la Creta minoica y la Grecia micénica, dos civilizaciones prehelénicas surgidas en torno al mar Egeo que se desarrollaron en la Edad del Bronce, hace casi 4000 años. Los resultados se publicaron en Nature Ecology & Evolution. Para hacer el estudio, los científicos reconstruyeron el parentesco de los habitantes de una casa en una aldea micénica del año 1700 a.C. Uno de los hallazgos inesperados fue que hace unos 4000 años, en Creta, en las demás islas griegas, y en el continente, era muy común casarse con un primo hermano. Quizá era una forma de evitar que las tierras de cultivo heredadas se dividieran cada vez más, y garantizaba una cierta continuidad de la familia en un mismo lugar, requisito importante para el cultivo del olivo y el vino.
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