Sudáfrica, segura de sus puntos fuertes, se enfrenta hoy desde las 16 en París a una Inglaterra con ganas de revancha en la otra semifinal.
Para los Springboks, rebosantes de confianza tras haber eliminado al anfitrión francés en cuartos de final (29-28), la ruta hacia una cuarta final tras los títulos de 1995, 2007 y 2019, pasa por tumbar al XV de la Rosa. Si la lógica deportiva se impone, los sudafricanos se enfrentarían en la final a los All Blacks.
Sobre el papel, los compañeros de Siya Kolisi deberían deshacerse del equipo inglés, que sufrió para lograr el pase a la semifinal beneficiado por unos cruces generosos y un poco de suerte.
Pero los ingleses siempre son más fuertes cuando se encuentran entre la espada y la pared, por lo que los Boks deberán mantenerse en guardia.
Los europeos terminaron líderes de su grupo y son el único equipo en liza que todavía no ha perdido ningún partido.
¿La receta del milagro? Un regreso a sus orígenes apoyándose en jugadores experimentados (Farrell, Curry, May, Tuilagi...) y en haber recuperado la disciplina (menos de ocho penalidades concedidas por partido de media) con el objetivo de compensar una falta de ambición ofensiva, con un juego de pie predominante.
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