El calor extremo y las cada vez más frecuentes olas de calor están repercutiendo de forma muy negativa en la nidificación y reproducción de las aves, y de forma más acusada en las que viven en suelos agrícolas que en las que lo hacen en bosques o zonas urbanas, donde las sombras proporcionan una mayor protección. Así lo comprobó un equipo de investigadores de la Universidad de California Davis, en el que ha participado el científico español Daniel Paredes (ahora en la Universidad de Extremadura), tras analizar más de 150.000 nidos correspondientes a 60 especies de aves que vivían en granjas, bosques, praderas y zonas urbanizadas de EE UU durante un período de 23 años (entre 1998 y 2020). Los investigadores, que publicaron los resultados de su trabajo en la revista Science, comprobaron que los efectos de las temperaturas extremas en la reproducción de las aves varían mucho en función del entorno en el que viven los animales, y que además de reducir las emisiones responsables del calentamiento será necesario fomentar los “refugios térmicos” y la plantación o el mantenimiento de “manchas” de vegetación natural para asegurar la sombra y frenar el declive de las aves.
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