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Ocurrencias: un amor encerrado en Villa Elvira

Por Alejandro Castañeda
afcastab@gmail.com

La fidelidad y los celos no se llevan bien. Esta semana se supo de una vecina de Villa Elvira que había encerrado a su novio para impedir que la engañara. Mal pensada y vigilante, no lo maltrató en cautiverio. Lo tenía allí, bien guardado, dando rienda suelta a sus celos enfermizos y convencida -pobre ilusa- de que el amor se pone a salvo si esta bajo llave.

Lo de los celos es un tema mortificante y eterno que el Otelo de Shakespeare lo consagró y que los especialistas en cuerpos y almas se han pasado la vida sin encontrarle explicaciones ni curas. En España tres semanas atrás se presentó a una pareja que, como sospechaba de todo, había firmado un contrato de fidelidad ante escribano y hasta le puso un tarifario a eventuales travesuras. Y por si había dudas, el novio posó en unas fotos con el contrato en la mano que deja ver las condiciones, según se viralizó en Twitter. La infidelidad sin aviso se penaba con cinco mil euros. Hasta mirar con ganas estaba multado. Los celos eran allí el alimento esencial de un amor desconfiado que pegaba en el corazón y dolía en el bolsillo.

Años atrás, funcionó en el Hospital Tornu, en CABA, un taller para celosos y espiados. Lo conducía el psicólogo social Luis Buero, quien hizo una sabia advertencia: “No es una anormalidad. Ni el menos celoso de los mortales está exento de ser rozado alguna vez por ese fantasma”. Es cierto. Todos lo somos, poco o mucho. El tango y el bolero han merodeado a pura desesperación por esa zona oscura de la ansiedad y el temor, pero hasta ahora no se ha encontrado un antídoto capaz de curar a esos desbordados e que se la pasan buscando o inventando fantasmas.

Harta de sospechar y vigilarlo, prefirió tenerlo siempre a mano, cerquita de ella, rezongando pero portándose bien

El tango y el bolero han merodeado a pura desesperación por esa zona oscura de la ansiedad y el temor

El hecho de que nuestras vidas están tan íntimamente relacionadas con las de otros, hace que las características del temor y el apego sean fundamentales para darle textura emocional a un amor que, como todo amor, cuanto más intenso, más quebradizo. Silvia Congost autora de ‘Si duele, no es amor’, dice que “estar en una relación amorosa es estar en una perpetua incertidumbre, no hay garantías nunca en ninguna relación de pareja”.

La mujer de Villa Elvira le hizo caso a la escritora y le puso dos vueltas de llave a su “perpetua incertidumbre”.

El broche final a esta extraña situación se lo puso la Policía. Al llegar al domicilio, se encontraron con una extraña escena: el hombre a los gritos, encerrado en una habitación, y ella, con las llaves en la mano. La mujer fue detenida y quedó acusada de “Privación ilegal de la libertad”. Y el supuesto donjuán volvió a la vereda. No sabemos lo que ella dijo en sede policial, pero quizá su conciencia haya encontrado razones para que su delirio la convirtiera en una novia mal pensada que, harta de sospechar y de vigilarlo, prefirió tenerlo siempre a mano, lejos de tentaciones y excusas, cerquita de ella, rezongando pero portándose bien.

La crónica periodística la había dibujado como una persecuta en pleno avance: le quitó el teléfono, si salía, tenía que volver a una hora establecida o lo iba a buscar al boliche. Y el vecino, querendón y sumiso, parece haber aceptado sin necesidad de escribano ni contrato, este régimen semi penitenciario para evitar que la doña se enfureciera. Ella -como toda celosa- quizá veía en cada vecina una competidora. Por eso adoptó como una estrategia de la urgencia, aislarlo hasta nuevo aviso. ¿Los donjuanes de Villa Elvira habrán tomado nota? Los celos siempre dan que hablar. Ni psicólogos ni románticos ni abogados ni científicos se ponen de acuerdo. ¿Qué rol juegan en el amor? ¿Es atenuante, agravante o cómplice necesario? Los que son celosos y los que padecen un celoso/a no ignoran que es una pulsión indomable que no entra en razones. Calcula y casi siempre para mal lado. A veces acierta, por supuesto, pero siempre duda, desequilibra y lastima. Todos celan. La idea del otro como contrincante deseable está en la base de cualquier pasión. Y García Márquez sin querer le dio letra a la cerrajera de Villa Elvira: “Los celos saben más cosas que la verdad. Porque son una forma de la intuición y por eso llegan más lejos y pueden anticipar lo que todavía no ha ocurrido pero ocurrirá más tarde”.

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