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María Marta Paunero

Por Redacción

Fue una mujer comprometida con distintas causas solidarias de la Ciudad, pero también se destacó por el amor que le entregó a cada uno de los suyos y a quienes compartieron distintos momentos de su vida. Por eso, el fallecimiento de María Marta Paunero causó numerosas expresiones de dolor en diferentes ámbitos.

Hija de Marta Lucrecia Pividal y de Adolfo Julio Paunero (“Ovo”), María Marta nació en La Plata, el 26 de Mayo de 1948. Vivió su infancia y adolescencia en City Bell, junto a sus hermanos: Wenceslao, Soledad, Eduardo, Adolfo Julio (“Fito”), Pablo y María Magdalena.

María Marta fue una de las primeras egresadas de los Colegios Estrada y Esquiú, en los que fue recordada como una buena alumna y compañera.

Estudiante avanzada de Medicina, ingresó a trabajar en la AFIP (ex DGI) en el área de la obra social. Allí se mostró comprometida e interesada con la problemática del sistema de salud, aunque no completó los estudios universitarios, fue considerada una buena gestora en salud.

El 18 de Octubre de 1973 contrajo matrimonio con Mario Rubén Morelli, oriundo de Balcarse, y estudiante de derecho. La familia creció con la llegada de sus cinco hijos; la mayor, Delfina, falleció a los pocos días; luego nacieron María Florencia (1975), María Leticia (1977), Mario Adolfo (1980) y Octavio Martín (1982). También tuvo cuatro nietos: Inés, Emma, Lorenzo y Augusto.

Hacia el año 2000 padeció una enfermedad autoinmune que la llevó a estar en emergencia nacional por trasplante de hígado y salió a flote gracias a su espíritu y empatía. Reflejó su sostén en frases como “lo importante son los afectos” y “darle tiempo al otro”.

Por esa complicación fue jubilada anticipadamente y comenzó la carrera de Periodismo en la UCALP, de la que se graduó a los 73 años en plena pandemia. Marta expresó una gran habilidad para la escritura, la expresión y la comunicación, además era una persona con sentido crítico preocupada por la realidad social.

Junto a sus amigas formó el taller de tejido “Santa Isabel” para colaborar con la maternidad del hospital de Gonnet y con comedores cercanos a su residencia.

Sus afectos la recordaron como una madre, esposa, hermana, tía, amiga, vecina, estudiante y trabajadora ejemplar. Además, la definieron como pasional y amorosa; lúdica y con una gran capacidad para escuchar y contener al otro.

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