Ida Vitale es una de las mayores figuras de la poesía de Iberoamérica. Parte de la Generación del 45, que dejó huella en el continente, Ida, de 99 años, ha despedido ya a sus viejos colegas, incluido su marido, veinte años más joven, el poeta Enrique Fierro.
Esa partida dispara el regreso de la poeta a Uruguay, donde se encontró con la lente de una joven amiga: María Arrillaga, directora uruguaya, es también la nieta de viejos amigos. Y decide filmarla, construyendo así “Ida Vitale”, el documental que se verá esta noche, desde las 20.30, en el Malba porteño, con presencia de la cineasta.
En “Ida Vitale”, Arrillaga sigue a la poeta con su cámara, en su intimidad. La película es una sucesión de fragmentos, que sigue la estructura vocabularia del “Léxico de afinidades”, obra de Vitale: fragmentos silenciosos, pausados, contemplativos, donde emerge constantemente, en la vida cotidiana de Ida, la poesía, gracias a su mirada transformadora que “pone el tiempo en pausa y hace aparecer la magia”.
Vitale “es el único hilo que queda de esa generación”, cuenta Arrillaga, en diálogo con EL DIA, sobre los motivos para filmar a Vitale, quien fuera compañera de habitación de sus abuelos Carlos Maggi y María Inés Arrillaga. “Toda la vida tuve contacto con Ida”, explica la directora, y cuenta que sus abuelos se casaron y vivieron juntos, por cosas de la austeridad, con Ida y su primer marido. “Ahí nació mi madre, Ana María, y Amparo, la hija mayor de Ida”, relata.
Vitale se mudó luego a una casa propia, y devino más tarde el exilio. El regreso a Uruguay, en democracia, fue breve, antes de mudarse a Austin, Texas. Durante esas décadas norteamericanas, Vitale regresaba esporádicamente a Uruguay, donde entabló una relación cercana con una jovencita Arrillaga.
“Cuando Ida volvió a vivir a Uruguay, tras la muerte de su marido, Enrique Fierro, nuestro vínculo se hizo más cotidiano. Y empecé a observar su curiosidad, su asombro por todo lo que la rodea. Creo que hay una sinergia entre esa curiosidad y su frescura”, cuenta. Por “impulso”, le propuso una película que navegara ese mágico mundo cotidiano. Ida no quería. Cuando ganó el Premio Cervantes, Arrillaga volvió a la carga. Y así nació “Ida Vitale”, donde, con un equipo chico para crear un clima íntimo (Inés Vázques hizo sonido y producción, mientras que la música la aportó Sylvia Meyer y Arrillaga hizo la fotografía y edición) filma a la poeta en su cotidianeidad cuidando sus plantas, revisando papeles y recibiendo premios, como quien filma a “dos amigas viviendo una tarde”.
- No decidiste realizar una “biopic”, digamos, que explicara quién es ella, su obra. Es un retrato diferente. ¿Por qué?
- Me parece que la información de la biopic puede ser interesante como documento, pero la información de su vida y su obra está en internet, no me interesaba demasiado contar eso. Sí, transmitir esa curiosidad que transmitía ella, esa poesía en su vida y su obra, esa poesía que aparece en lo real y también en sus poemas. Eso es lo que tenía ganas de compartir de ella desde el primer momento: creo que puede aportar mucho al mundo en el que vivimos, generar cambios en la mirada. Cuando tomé la decisión de hacer la película y pasé por su obra, de forma profunda, empecé a sentir una gran transformación a partir de esa forma que tiene de darle vuelta a las cosas en su vida, esa capacidad de parar el tiempo y hacer aparecer lo que no veíamos que también está en sus poemas. Su poesía es quirúrgica, tiene la capacidad de ver de los dos lados del prisma y generar algo nuevo, un modo de ver que no era percibido.
- El retrato de esa vida cotidiana y poética termina introduciendo al espectador en un tiempo especial, un tiempo poético.
- Es su tiempo poético, o mi forma de mirar su tiempo poético. No hay escenas armadas: las cosas iban sucediendo. Todo ocurría mientras vivía con ella.
- Y hablando de tiempo poético: la película se estrena en el Malba, pero a los documentales les cuesta encontrar pantalla, en Argentina y, estimo, en todo el mundo. ¿Preferís el cine, como una manera de sumergir al público en ese tiempo especial de Ida, o te interesan las plataformas como una manera de que la película llegue a más gente?
- Me interesa mucho la pantalla grande, para poder sumergirse: es muy diferente la experiencia en una sala oscura, el silencio, el sonido… Nada me gustaría más que poder seguirla mostrando en cines. Pero una vez que termine su paso por las salas, ojalá siga teniendo su vida, y pueda llegar a quien le interese.
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