No es la primera vez que un informe sanitario alerta en nuestro país sobre el consumo excesivo de psicofármacos, convertido en el mundo en la tercera causa de muerte después de los infartos y el cáncer, que junto a otras referencias igualmente alarmantes debiera originar no sólo una detenida ponderación, sino una reacción clara y contundente por parte de las autoridades de salud.
Tales expresiones surgen en el contexto de un informe hecho público ayer por la Defensoría del Pueblo bonaerense, que dio a conocer cifras preocupantes ofrecidas por la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA), reveladoras de una suba del consumo de psicofármacos experimentada en el primer trimestre de este año.
Los indicadores sobre la demanda de psicofármacos en la Argentina hablan por sí solos: en el primer trimestre de 2023 se vendieron más 12,7 millones de unidades, apuntaron desde ese espacio y según se detalló, los mayores incrementos en unidades vendidas, con respecto a períodos anteriores, se registraron con los sedantes (+ 10 por ciento), antipsicóticos (+ 6,5 por ciento) y los antidepresivos (+ 1,8 por ciento).
Según se detalla, los mayores incrementos, en unidades vendidas, respecto al año anterior, se registran con los sedantes (+10 por ciento), seguidos por los antipsicóticos (+6,5 por ciento) y los antidepresivos (+1,8 por ciento). Las cifras y porcentajes ofrecidos corresponden al último relevamiento realizado por el denominado observatorio de salud, medicamentos y sociedad de la entidad que nuclea en el país a los profesionales farmacéuticos.
Lo cierto es que en los últimos años los especialistas vienen planteando que el consumo excesivo de psicofármacos presenta diversas aristas y que, ya sea por problemas psicológicos o simplemente emocionales, por hábito o estrés y, acaso, por excesivas dispensas médicas, mucha gente ve en las pastillas un atajo para solucionar su malestar, aunque rara vez ellas resulten ser la mejor solución.
Tal conclusión quedó planteada a partir de un libro del psiquiatra estadounidense Allen Frances, que encendió un alerta mundial por el creciente costo en vidas que tiene el uso de psicofármacos. En la obra se destaca la necesidad de que se entienda que esa medicación puede generar daños y “que no todo problema humano viene de un desequilibrio químico; que la tristeza no es algo que se debe medicar”, según dice el autor.
El 18 por ciento de los argentinos de entre 12 y 65 años (más de 3 millones de personas) reconoce hacer uso habitual de psicofármacos, según el último estudio nacional sobre sustancia psicoactivas realizado por la Sedronar.
Los más consumidos serían los ansiolíticos y antidepresivos, cuyo consumo es mayor entre las mujeres y aumenta a partir de los 35 años de edad. “Argentina es el único país latinoamericano en el que la primera droga, después del tabaco y el alcohol, no es la marihuana sino los psicotrópicos”, aseguraron desde el Observatorio de Drogas de la Sedronar.
Muchos especialistas enfatizan en que el que el problema principal no pasa por una supuesta sobre-prescripción médica, sino por la automedicación y la facilidad de acceso a los psicotrópicos. Sea como sea, resulta imprescindible que se ajusten los controles para la venta de psicofármacos y que las áreas médicas del país desplieguen campañas de concientización eficaces para que la población tome conciencia de los riesgos que implica su consumo.
SUSCRIBITE a esta promo especial