El color rosa se impone. Una estética que es furor en decoración y diseño pasó a ser una tonalidad triunfante. Messi y Barbie encabezan hoy la fila de rosados triunfales, siguiendo los pasos de la verdadera pionera, la Pantera Rosa, un boceto inolvidable que habrá elegido ese tono para suavizar una realidad, siempre tan oscura. Sus cortos le dieron candor y ternura a este animal que hasta allí, como felino peligroso, sólo provocaba sustos y desconfianza. Pero fue Barbie quien llevó ese color al altar.
Hoy, la película de la icónica muñeca -que tanta expectativa ha generado y tanta influencia ha derramado- y el resurgimiento del maximalismo, lograron que cada vez más personas se animen a llenar sus vidas de color rosa, dejando atrás un minimalismo exagerado y apostando a recargar sus casas de colorinche sin temor a ser acusados de infantiles y cursis.
Y por si le faltaba un broche de oro a este rosismo imparable, el debut triunfal de Messi con la camiseta rosa en el Inter de Miami le terminó otorgando una frutilla magistral a la torta exitosa de una tonalidad que hasta ahora parecía reservada solo a lo femenino, lo presuntuoso, lo aniñado, un matiz que ni siquiera tenía una comida que la distinguiera, aunque el salmón, siguiendo su destino de nadar siempre contra la corriente, haya optado por llevar esta camiseta con honor y sabor.
En los Estados Unidos, la reaparición de Barbie ha terminado por extender su reinado hasta otros ámbitos, sobre todo el hogareño, donde su estilo naif, casi ingenuo, ya se impone en las decoraciones y las paredes. El rosa reina en parques, ropa, piscinas, vidrieras y parece querer enviarle mensaje simbólico a un mundo que necesita tener una vida tenue y rosadita para enfrentar tanta negrura y estallido. Es un color más cerca de la lencería que de los campos de batalla; atrae en la intimidad y es rechazado por los uniformes guerreros. Es un tono que ha sido marca de identidad de género en los ajuares (aunque ahora esa palabra quizá esté prohibida) y que quizá sea un matiz que se queda para siempre, a tiro de una hombría que ya lo lleva con soltura.
El “barbiecore” -como dice una nota de Lia Picard- una paleta de colores compuesta principalmente por el rosa brillante y otros tonos rosas igual de atrevidos, como el fucsia y el magenta, se está abriendo paso en la decoración del hogar, impulsado por el próximo estreno de la película Barbie. La información muestra que de mayo de 2022 a mayo de 2023 hubo un aumento del 1.135% en las búsquedas de estética de dormitorio de Barbie.
No basta con vestir de rosa intenso, la gente también quiere rodearse de ese color en casa para recuperar inocencia y plantarse frente a ese blanco y negro tan presente y tan contrincante. El rosa busca hacer nido en un ayer que quizá suene afectado, pero que ha sido visto como una tonalidad infantil que empezó siendo una coloración de niñas y que ahora la familia lo elige para darle al hogar la fisonomía de un cuarto de cuentos que invite a seguir jugando.
“El rosa se ha sacudido de encima el polvo de tocador y ñoñería para volverse símbolo de poder femenino y las celebridades que deciden convertirse en muñecas de carne y hueso pueden permitirse ser deslenguadas, coquetas, divertidas, complejas o irreverentes”. Ya no vende ingenuidad, ahora es casi un vestuario de batalla donde la coquetería asume su poder y sus ganas de defender un mundo donde lo femenino saca pecho.
“Quiero ser como Barbie, esa tía lo tenía todo”, reza un cartel sobreimpreso en rosa chicle en una de las casi 5.000 fotografías que se encuentran en Instagram si se busca el término Barbiecore, una nueva tendencia en moda que invita a vivir la vida en rosa, como predijo Edith Piaf desde una biografía sobrada de negrura. Celebridades como Megan Fox, Kim y Khloé Kardashian y Dua Lipa ya han lucido el estilo en distintos formatos, adueñándose del rosa chicle en algunas de sus apariciones públicas. Las firmas Giorgio Armani Privé o Versace apuestan por un invierno de este color. Las imágenes del rodaje de Barbie, la próxima película de Greta Gerwig, protagonizada por Margot Robbie y Ryan Gosling, han terminado de elevar a fenómeno viral una tendencia que ya no sólo se centra en la moda, sino en todo un estilo de vida que se reapropia de un color cargado de estereotipos de género.
Finalmente el rosa, de la mano de Messi, llegó a las canchas, un territorio impensado para un tono con más enaguas que mamelucos. Las camisetas del 10 ya pueblan escaparates de esas casas de deportes que siempre le rinden homenaje a la fuerza combativa, la disputa y el triunfo. El vienes debutó el nuevo embajador del rosa en la escena de Miami. Y el gol sobre la hora le sumó entusiasmo, griterío y desahogo a un color que de golpe subió a las tribunas. Nunca el rosa había sido tan desorbitado y tan ovacionado.
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