En Argentina lideramos el consumo de azúcar de la región cuadruplicando los gramos de azúcar diarios por habitante que la Organización Mundial de la Salud recomienda como ideales. “Disminuir éste consumo excesivo es clave para luchar contra el crecimiento de la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles asociadas (como la diabetes, el cáncer, cardiovasculares y cerebrovasculares) que son la primera causa de muerte en el país”, resaltan los impulsores de la Semana de la No Dulzura, una campaña nacional para concientizar a la comunidad.
La Semana de la No Dulzura, “Menos azúcar por más Salud”, es una iniciativa que viene siendo impulsada desde 2019 nutricionistas, gastronómicos, productores de alimentos, dietéticas, profesionales de la salud y consumidores responsables para exige otro sistema alimentario que no enferme y donde los ultra-procesados empaquetados no sean la columna vertebral.
“En Argentina consumimos 115 gramos de azúcar diarios por habitante, el triple de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, que va de 50 gramos (como límite firme) y 25 gramos para obtener beneficios adicionales”, menciona la nutricionista Luciana Paduano, desde la Asociación Argentina de Nutricionistas y Nutricionistas Dietistas.
”El azúcar es un ingrediente barato para las industrias y aporta más sabor a los productos, pero no es saludable para la población. Favorece la obesidad y otras enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes tipo 2, el cáncer, las enfermedades cardiovasculares y enfermedades cerebrovasculares, que en su conjunto constituyen la primera causa de muerte en el país”.
Además del alto riesgo que conlleva su consumo excesivo, la necesidad de generar consciencia entre la población surge de el uso extensivo del azúcar por parte de la industria alimentaria. ”Más de la mitad de los productos que hoy están en góndolas contienen azúcar. Está presente en productos impensados como las pastas de dientes, el pan de molde, las salsas, los aderezos y las pizzas congeladas, entre otros”, afirman los organizadores de la campaña al comentar que ésta aparece muchas veces enmascarada con nombres o siglas difíciles de reconocer: jarabe de maíz o JMAF, fructosa, sacarosa, sirope de agave, dextrosa, melaza, panela, jarabe de glucosa, concentrado de fruta...
“DULCE CONFUSIÓN”
Este año el lema de la campaña es “Aclarar la dulce confusión” brindando información de calidad sobre el azúcar y los edulcorantes químicos. Y es que en los últimos meses hubo dos acontecimientos que generaron cierta desorientación entre la población sobre qué tipo de endulzante elegir, cuánto agregar y que tan perjudiciales son para la salud: por un lado la aparición en góndolas de los octógonos negros; por otro, una dura advertencia de la OMS sobre el riesgo que entraña el uso de edulcorantes.
En mayo de este año, “la Organización Mundial de la Salud desaconsejó el uso de los edulcorantes acalóricos o bajos en calorı́as dado que no sirven para controlar el peso ni reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles. Esta recomendación condicional es resultado de estudios que apuntan una asociación clara y significativa, en adultos, entre el consumo de edulcorantes y el incremento del peso y ciertas enfermedades no transmisibles como la diabetes tipo 2, la enfermedad cardiovascular, la hipertensión y la mortalidad por cualquier causa”, cuenta la licenciada en Nutrición Antonella Robledo Irigoyen, quien señala que los productos implicados son el acesulfamo K, el aspartamo, el advantamo, el ciclamato, el neotamo, la sacarina, la sucralosa y los derivados de stevia (glucósidos de esteviol).
Más alarmante aun, a principios de este mes el organismo intercional volvió al asunto catalogando al aspartamo como posiblemente cancerı́geno para los seres humanos, dado que consideró que existe alguna evidencia de que puede causar cáncer en los seres humanos, pero en la actualidad no es concluyente.
Si bien tradicionalmente se recomendó evitar el consumo de edulcorantes artificiales por parte de los niños por tratarse de sustancias químicas, a medida que fueron incorporándose a productos descremados o bebidas en reemplazo de las azúcares se hizo elástica la aceptación del consumo a edades cada vez más tempranas en lugar de adaptar los paladares a los nuevos umbrales de poder endulzante.
“Con las nuevas recomendaciones de la OMS es más claro que nunca: la clave es reducir el nivel de dulzor en todas sus formas. No buscamos sustituir el azúcar por otra cosa. Mucho menos por químicos o símil alimentos sintéticos”, señala la especialista en Nutrición.
A su entender, “el desafío es bajar el registro del dulzor, el umbral a partir del cual en el paladar empezamos a sentir lo dulce. Necesitamos volver a la dulzura natural pero también en dosis naturales. Hace 200 años comíamos en un año la misma cantidad de azúcar que hoy consumimos en 10 días. Estos registros de dulzor antinaturales son parte del cóctel que aumenta la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles”, señala Robledo Irigoyen.
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