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La economía de China: ¿Un gigante que se derrumba?

China hace un uso extremo del carbón y es uno de los países más contaminantes. Sus prácticas potencian el cambio climático / ap

Por Redacción

Afronta numerosas dificultades frente a la coyuntura internacional y los datos que se conocen últimamente sobre el país no son muy alentadores. Algunas claves

El crecimiento económico de China se aceleró en el segundo trimestre, según cifras oficiales publicadas días atrás, que esconden sin embargo las numerosas dificultades de la segunda economía mundial frente a la coyuntura internacional. El gigante asiático afronta una importante crisis poblacional; un desempleo juvenil récord; la dificultad de inserción laboral para los mayores de 35 años; una “adicción al carbón” (pese a ser altamente contaminante) como fuente de energía eléctrica; una caída del consumo; una debilidad del sector inmobiliario y una desaceleración económica global que pesa sobre la demanda de bienes chinos y en consecuencia sobre sus exportaciones, entre un amplio abanico de problemas.

Si bien en el segundo trimestre, el PBI aumentó un 6,3 por ciento interanual, según la Oficina Nacional de Estadísticas (BNS), este ritmo de crecimiento es mucho más bajo que las expectativas de varios analistas, que lo estimaban en 7,1 por ciento.

Y es además una cifra engañosa porque la comparación se hace con el mismo período del año anterior: en 2022, el crecimiento había sido modesto en el segundo trimestre (+0,4 por ciento), consecuencia en gran parte del confinamiento de Shanghai, la capital económica del país, por el Covid-19. Por otro lado, de un trimestre a otro (un método más realista para comparar), el crecimiento del gigante asiático se estancó en 0,8 por ciento, después de un aumento del 2,2 por ciento en el período enero-marzo.

La recuperación poscovid de principios de año, que todavía tarda en materializarse en ciertos sectores, parece haberse agotado en los últimos meses. Un mercado laboral apagado y la incertidumbre de cara al futuro siembran la desconfianza entre los consumidores, a pesar de la reapertura posterior al Covid. “Desde los viajes vacacionales a las compras de autos y casas, los datos macroeconómicos muestran que la población china tiene miedo de abrir demasiado la billetera”, dice Stewart Paterson, de la Hinrich Foundation.

La economía china se enfrenta a “una coyuntura internacional compleja y difícil y a arduas tareas para la reforma, el desarrollo y para garantizar la estabilidad” del país, admitió a la prensa un portavoz del BNS, Fu Linghui.

En junio, el banco central de China recortó dos tasas de interés clave, en otro intento de contrarrestar la desaceleración económica. Esta decisión pretende animar a los bancos comerciales a conceder más créditos y a tasas más ventajosas. La medida debe permitir, por tanto, apoyar la actividad en un contexto de ralentización económica, aunque está en retroceso en las principales economías del mundo que aumentan las tasas para contener la inflación.

Población

Además, el último año, China perdió población por primera vez en seis décadas y, según las estimaciones de la ONU, en abril India lo superó como el país más habitado del mundo.

A fines de los años 1970, el Partido Comunista introdujo políticas de control de natalidad ante el miedo de las potenciales consecuencias del desenfrenado crecimiento poblacional que experimentaba el país tras el tumultuoso poder de Mao Zedong. Aunque la política de un solo hijo se relajó en 2016, sus impactos todavía son claramente visibles y el año pasado la tasa de fertilidad de China cayó a 1,2 nacimientos por mujer, una de las más bajas del mundo. Asimismo, el envejecimiento de la población pone presión a las jóvenes generaciones, que se ven forzadas a cuidar de los mayores de la familia.

DESEMPLEO JUVENIL AL ALZA

Otro tema preocupante es la tasa de desempleo de los jóvenes chinos de entre 16 y 24 años, que alcanzó un nuevo récord en junio, con un 21,3 por ciento. Algunos jóvenes están tan desanimados por no encontrar trabajo que se filman tirando sus diplomas universitarios a la basura. Para los graduados, los empleos bien remunerados son escasos, incluso en el sector privado. La falta de puestos lleva a muchos jóvenes a seguir sus estudios con posgrados o a buscar un empleo en el sector público.

Más de 7,7 millones de postulantes rindieron el examen este año para aplicar a unos 200.000 empleos gubernamentales a nivel nacional y provincial, según la prensa estatal.

En tanto, la cifra general de desempleo se mantuvo estable de un mes a otro (5,2 por ciento) pero sólo incluye los desocupados en las grandes ciudades.

Por su parte, las ventas minoristas, principal indicador del consumo de los hogares, experimentaron un nuevo descenso en junio. Aunque el indicador subió en un año (+3,1 por ciento), su ritmo es mucho más bajo que el de mayo (12,7 por ciento). La caída del consumo ya se está reflejando en la producción: por caso, una gran empresa láctea del gigante asiático decidió fabricar más leche en polvo porque la gente está recortando la compra de leche fresca, un alimento básico en cualquier hogar.

En tanto, las exportaciones chinas tampoco atraviesan su mejor momento: cayeron con fuerza en junio (12,4 por ciento), respecto al año anterior. El dato positivo lo sumó la producción industrial, que aumentó en junio (4,4 por ciento), frente al 3,5 por ciento del mes anterior.

La cifra oficial de crecimiento en China, a pesar de las dudas sobre su fiabilidad, es clave para la segunda economía mundial, que este año aspira a crecer un 5 por ciento, un objetivo quizás difícil de lograr, según advirtió el primer ministro chino, Li Qiang.

De acuerdo a los analistas de SinoInsider, una firma especializada en China con sede en Estados Unidos, hay que “prepararse psicológicamente para ver otros signos de deterioro grave de la economía china”, en particular en el sector inmobiliario, que sigue en crisis. Por eso, es necesario “mostrar escepticismo con respecto a los datos oficiales”, según SinoInsider.

LA MALDICIÓN DE LOS 35

A este panorama se suma la “maldición de los 35”, un tema ampliamente discutido en China. Los empleadores no quieren tomar personal de más de 35 años de edad, ya que consideran que están muy viejos para ser contratados y demasiado jóvenes para jubilarse. Así, esta “maldición” deja a una generación de trabajadores sintiéndose derrotados en una etapa muy productiva de sus vidas. Ante los ojos de los empleadores, según la “maldición”, los trabajadores mayores de 35 años son más caros que los recién graduados y no están tan dispuestos a trabajar tiempo extra.

Según el diario The New York Times, el rebote económico pospandemia de China ha llegado a un punto muerto y la maldición de los 35 se ha convertido en un debate popular en el internet chino. No queda claro cómo empezó ese fenómeno y es difícil determinar cuánta verdad hay en eso. Sin embargo, no hay duda de que el mercado laboral está debilitado y de que la discriminación por edad que no es ilegal en China, prevalece. Son dos desventajas para los trabajadores mayores de 35 años que están tomando decisiones sobre su carrera, matrimonio e hijos.

Una publicación que se viralizó no hace mucho en redes decía: “Demasiado viejo para trabajar a los 35 años y demasiado joven para jubilarse a los 60”, lo que significa que las personas en la mejor edad para trabajar carecen de posibilidades y las de mayor edad podrían tener que seguir trabajando porque el gobierno considera elevar la edad de jubilación.

Y a todo esto se agrega que el personal está robando a las empresas desde la pandemia, según denuncian algunos ejecutivos. ¿La razón? Perdieron la esperanza porque las perspectivas económicas son muy malas.

LA CRISIS INMOBILIARIA

Otro de los frentes de conflicto que tiene China es, como se dijo. la crisis del sector inmobiliario que no logra repuntar. La industria inmobiliaria china creció aceleradamente tras un alivio de restricciones en 1998, en un país donde comprar una casa es a menudo un requisito para casarse, además de una inversión. Durante dos décadas, los empresarios del sector pudieron construir mucho y rápido gracias a las facilidades crediticias, pero amontonaron tantas deudas que las autoridades frenaron en 2020 su acceso al financiamiento.

Desde entonces, la disponibilidad de crédito se redujo y la demanda inmobiliaria cayó como resultado del declive económico y una crisis de confianza. La situación fue exacerbada por el otrora líder del sector, la inmobiliaria Evergrande, que estuvo al borde de la quiebra hace unos meses y afectó la credibilidad de otras empresas del rubro.

Evergrande ha revelado pérdidas de 81 mil millones de dólares durante 2021 y 2022, lo que subraya cómo sus deudas masivas siguen siendo una seria preocupación para la salud financiera del sector y la segunda economía más grande del mundo en general.

El mercado inmobiliario chino sufrió su caída más fuerte el año pasado, con una baja de 24 por ciento en las ventas”, indicó Rosealea Yao de Gavekal-Dragonomics, una firma consultora de Beijing.

En este marco, los observadores atemperaron las perspectivas de largo plazo. “Podríamos ver un repunte los próximos meses, pero en el largo plazo, el año próximo o el que sigue, no creo que veamos una gran recuperación”, expresó John Lam, quien monitorea el mercado inmobiliario chino para el banco UBS. Argumentó que el declive poblacional chino, una tendencia iniciada en 2022, continuará y eventualmente afectará la demanda inmobiliaria.

Además, “no ha regresado la demanda especulativa”, agregó Lam. El gobierno ha insistido en que la vivienda es para vivir y “no para especular”.

Según Shehzad Qazi, director gerente de China Beige Book, una consultora que sigue a la economía china, el sector inmobiliario tendrá “rebotes cíclicos”, pero los días de crecimiento rápido “al parecer quedaron atrás”.

Para revivir al sector, el gobierno ha tomado una postura más conciliatoria desde noviembre, con medidas de apoyo dirigidas a los promotores con finanzas más sanas.

Los resultados han sido desiguales. En marzo el número de edificios nuevos que comienzan a ser construidos cayó un 29 por ciento interanual, tras una baja de 9,4 por ciento en enero y febrero, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

Esas caídas se dieron pese a la base comparativa baja de 2022, cuando el mercado chino aún estaba en problemas. “Los desarrolladores siguen cautelosos y priorizan concluir los proyectos existentes antes que iniciar otros nuevos”, comentó el economista Larry Hu, del banco de inversiones Macquarie.

La recuperación beneficia especialmente a las ciudades grandes como Beijing y Shanghai, que han retomado el impulso de 2019, según Yao, mientras el mercado inmobiliario de ciudades pequeñas no muestra “mejora alguna”.

LA ADICCIÓN AL CARBÓN

Además de todos los conflictivos temas anteriores, China está bajo la lupa por ser el principal emisor de los gases de efecto invernadero responsables del cambio climático. Beijing se ha comprometido a alcanzar el pico de emisiones de carbono en 2030 y la neutralidad total de carbono en 2060.

El presidente Xi Jinping también dijo que China reducirá su uso del carbón a partir de 2026. Sin embargo, el gobierno aprobó en abril una decisión en sentido contrario que hace temer que no cumpla sus objetivos.

El gigante asiático, según Greenpeace, autorizó en el primer trimestre de 2022 una cantidad de minas de carbón que permite que la capacidad de producción de electricidad a través de esta fuente sea equivalente a la producida en todo 2021.

Mientras se compromete a reducir las emisiones de carbono, el país está aumentando considerablemente el uso de combustibles fósiles para generar electricidad. El gigante asiático tiene una respuesta a las olas de calor que ahora afectan a gran parte del hemisferio norte: quemar más carbón para mantener un suministro eléctrico estable para el aire acondicionado.

China es un gran emisor de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático

La paradoja de la política energética de China es que el país también lidera el mundo en la instalación de energías renovables. Domina la mayor parte de la cadena de suministro global de energía limpia, desde paneles solares hasta almacenamiento de baterías y autos eléctricos. Sin embargo, por razones de seguridad energética y política interna, se está duplicando la apuesta por el carbón.

La invasión rusa de Ucrania y la subsiguiente interrupción del suministro de energía ruso a Europa ha aumentado la determinación de Beijing de confiar en el carbón como el núcleo de su seguridad energética.

En comparación a la era preindustrial, el mundo ya experimenta un recalentamiento cercano a 1,2°C bajo los efectos de la actividad humana, en especial por el uso de combustibles fósiles como carbón, petróleo o gas.

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