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Pura maldad y terror: cruel robo a abuelos en Ringuelet

El asalto fue en 513 entre 10 y 10 bis, cuando el matrimonio fue sorprendido por dos delincuentes encapuchados. Les robaron dinero y diversos objetos de valor
El asalto al matrimonio de jubilados fue en 513 entre 10 y 10 bis. Ya hubo otros robos en el barrio / WEB

Por Redacción

Pocas situaciones deben generar tanta impotencia, desconcierto, miedo y desesperación al unísono como la de ver bruscamente interrumpido el sueño, en el propio hogar, por delincuentes. Ya sea uno o, como ocurre últimamente, varios.

Justamente fue lo que también debieron soportar un jubilado de 77 años y su esposa de 76, en los primeros minutos de ayer, cuando descansaban en el dormitorio de su vivienda de Ringuelet.

Según pudo saber este diario, el angustiante episodio de inseguridad se produjo poco después de la medianoche en el domicilio que habitan los damnificados en 513 entre 10 y 10 bis.

“NOS DESPERTARON A LOS GRITOS”

Todavía notoriamente dolido por mal trance que padeció junto a su mujer, Miguel Reigoso, informó en la tarde de ayer a EL DIA que los delincuentes “nos despertaron a los gritos, luego que hacía un rato que nos habíamos ido a dormir. Inclusive, uno de estos ladrones, que si bien estaban encapuchados, por sus voces parecían personas adultas, me puso una almohada presionando en mi cara”.

“La maniobra fue para que el cómplice exigiera a mi esposa saber dónde estaba el dinero y se lo confesara”, completó.

En relación a lo sustraído por los asaltantes, Reigoso hizo saber que “nos llevaron alrededor de 200.000 pesos, relojes y el celular de mi esposa, por ejemplo”.

Consultado sobre cómo ingresaron ambos sujetos al inmueble, precisó que “lo hicieron a través de una casa lindera que está abandonada”.

“NO MERECEMOS ESTO”

Reigoso reflexionó después que “no merecemos esto” y consideró que muchos delincuentes roban a jubilados porque “somos presa fácil de ellos”.

A su vez, lamentó que “no será fácil que me olvide de la imagen de anoche, con los dos asaltantes en nuestro dormitorio, en la casa de uno. Se quedaron como media hora. Es tremendo que nuestro refugio sea vulnerable. No me infarté, de casualidad”. Con indisimulable indignación, se preguntó finalmente “¿qué queda para defenderse de los robos?, ¿armarse?, ¿electrificar la casa?”.

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