Ana María Lucero, refiere: “Leí que se presentó un proyecto para sustituir la tracción a sangre animal. Estoy totalmente de acuerdo con la protección y defensa de los animales. Pero no puedo entender que nadie se sienta conmovido con la `tracción humana´. A diario niños, jóvenes y adultos recorren las calles de la Ciudad, recogiendo cartones y botellas. Ellos son los que traccionan su propio carro. ¿No sería justo pensar en una solución que los alivie?. Parece que no merecen ser defendidos. Son personas que trabajan y luchan por llevar un poco de dinero a sus hogares. ¿Nadie se preocupa por el esfuerzo que realizan? Sería importante valorarlos al menos con la misma preocupación que despiertan los animales.”
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