“Revolucionada”. Esa palabra, entre las infinitas que habitan la lengua castellana, fue la que eligió Virginia Demo (56) para definir su presente después de haber atravesado el terremoto “Gran Hermano”, un programa que marcó un quiebre en su vida. Aprovechando las oportunidades que se le fueron abriendo, la humorista regresó a su esencia, el stand up, y está emocionada con su regreso a casa, La Plata, de la mano de su show “Benditas imperfectas”.
La cita será mañana a las 21 en el teatro La Nonna, 3 esquina 47, y marcará su regreso profesional a esta ciudad después de haber ganado la popularidad que le dio el programa más visto de la televisión argentina y en donde, como una de las favoritas de los espectadores, se ganó el apodo de “Virqueenia”: la reina Virginia.
Ella dice que nunca imaginó toda la locura que se desató alrededor de ella por su estadía en una casa a la que entró “por la ventana” como reemplazo de una de las participantes originales. “El cariño de la gente es increíble, es lo que más me sorprende porque yo nunca había estado de este lado”, dice Virginia, que pasó de ver a todo el mundo en la tele a ser una de las personas a la que durante cinco meses la vieron millones, celebrando sus risas, sus llantos, sus botas y sus puteadas.
“Cuando estaba dentro de la casa nunca tomé conciencia de que tenía esa respuesta de la gente, nunca me creí que era uno de los jugadores que tenía más banca”, confiesa la humorista cuya “carota” llegó a estar en la torta de festejo de cumpleaños de un nene y a la que hasta un adolescente la abrazó llorando a la salida del teatro.
“Uno entra sabiendo lo que es Gran Hermano, porque el fenómeno es así, pero yo no había dimensionado: es una locura”, admite Virginia que, de hecho, y en medio de todo el furor post salida de la casa, recibió la convocatoria para sumarse a uno de los musicales más convocantes de la cartelera porteña, “Legalmente rubia”, con el que se descubrió en otro género teatral que le gustó y al que no le cierra la puerta.
“Fue una experiencia espectacular que me ayudó mucho para confiar en mí”, admite la hermanita, que salió de la casa el 9 de junio y el 9 de julio, apenas una semana después de haber ido a ver la obra, debutó al lado de Laurita Fernández y elenco.
Debido a este proyecto que terminó el 29 de octubre, y a su participación en “La Vizcachera”, el programa de streaming del que es parte junto a otros ex hermanitos y que se emite de lunes a viernes a las 14 por DGO Stream, es que Virginia todavía no pudo volver a vivir a La Plata.
“El desarraigo me pegó, todavía estoy como tratando de encontrar un lugar, siento que no tengo casa: voy a mi departamento de La Plata, en donde está viviendo mi hija, y yo ya no estoy ahí, mis cosas están un pedacito en cada lado, entonces, bueno, no es queja pero hay una parte de revolución a la que hay que adaptarse. Estoy como muy revolucionada, es una revolución en mi vida porque si bien la ‘popularidad’ trae un montón de cosas lindas, también trae un montón de otras que son feas y te tenés que acostumbrar”, reflexiona.
Contenta con su regreso a La Plata, “con la alegría de volver a estar en casa”, se parará en el escenario de La Nonna con “Benditas imperfectas”, un show que había estrenado el año pasado, cuando “no era famosa”, pero que “no vio nadie”, según dice entre risas, porque, claro, la convocatoria era otra.
En el espectáculo, Virginia recorre los cambios sociales, físicos y emocionales que sufren las mujeres cuando cruzan el umbral de los 40 pero siempre desde el humor.
“Antes, la sociedad te exigía que no muestres la panza, que no te vistas de determinada manera porque ya eras grande, pero ahora te exigen que no te importe nada, que si tenés panza la muestres, que te tenés que querer sí o sí, y si no te querés sos una boluda; y son cosas que llevan un proceso, sobre todo a la gente grande: no es tan fácil. Yo hay momentos en que me adoro y momentos en que me odio, es la realidad, y un poco de esto hablo en el show”, anticipa.
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