Que a Nélida Caballero, cocinera de la familia De Vido, la hayan enjuiciado por lavado, es una redundancia. Empezó limpiando cacerolas, por supuesto, pero en esa casa, donde servían licitaciones dulces de sobremesa, fue ganando confianza, primero en la mesada y después, recogiendo las sobras que dejaban esos banquetes. Ahora, la fiscal federal Fabiana León pidió la condena a tres años y tres meses de prisión para esta empleada doméstica acusada de lavado de dinero. Y también que se decomisen sus bienes por un monto superior a los 395 millones de pesos.
Cuando declaró en septiembre, Nélida estrenó nueva coartada. Dijo que su capital, cuantioso sin duda, lo hizo como prostituta. Relató que era una mujer de doble vida, que se calzaba tempranito el delantal de cocinera para darle de comer a esa familia tan hambrienta y tan saciada, y después, con otro talante y otros delantales, salía a la calle a calentarle el estofado a su clientela. Declaró que la prostitución fue un oficio adquirido a los 15 en su Formosa natal. Se cree que, entre sus acompañantes porteños, habría alguno que la conoció entre sartenes en casa de los De Vido pero que después descubrió que la bajomesada de doña Nélida guardaba otras sorpresas. En esa casa se dio cuenta que la comida que sobraba en los platos era como reintegros sabrosos que se podían llevar a casa. Y así fue aprendiendo.
La estrecha vecindad con los poderosos suele ser rendidora, sobre todo cuando los servidores son curiosos y discretos. Los De Vido le daban cada vez más protagonismo a una formoseña que a fuerza de limpiar platos iba llegando a la antecocina de las adjudicaciones y que fue perfeccionando su destreza en lavado, caricias y suciedades, al amparo -según declaró ella- de una vocación repartida que le dejaba ofrecer una receta infalible: cucharadas excitantes y postres en efectivo.
Son curiosas las excusas que ofrecen los acusados de lavar plata mal habida. Pero la coartada de Nélida sorprendió al presentarse como una prostituta orgullosa de su poder negociador, muy despilfarradora en la cama y muy ahorrativa en casa. Como buena cocinera -dijo- a sus dos oficios los mantenía bien aceitados. Los fue perfeccionando en los muros de esa propiedad donde los De Vido parecen haber hecho escuela, porque recordemos que de su vecindad salió Julio López, que se aficionó a los escones sacramentales y que los compraba en un convento que se sostenía a fuerza de oraciones culposas, donaciones embarradas y peregrinos de escopeta y dólares.
Declaró que los cuantiosos bienes que le descubrieron, los obtuvo transpirando entre hornallas y sábanas
Lo de Nélida Caballero, si fuera algo creíble, sería un ejemplo para las prostitutas que suelen quedarse empobrecidas una vez que la vida les pasa por encima. También debería ser una tentación para las cocineras, que seguramente se habrán asombrado del poder acumulativo de esta chef ministerial. Esto es lo bueno que tienen los patrones pudientes y generosos, que predican con el ejemplo: si ellos pueden ahorrar tanto, de alguna manera enseñan a sus empleados a seguir ese camino. Choferes, secretarios, guardaespaldas, cocineras, jardineros, cualquier ayudante de los mandones van aumentando su patrimonio. En esas mesas donde se come de todos los platos, los empleados están muy atentos a las maniobras de sus empleadores y de a poco, de tanto escuchar cifras y precios van adquiriendo lenguaje y vuelo para poder hacerse cuentapropistas, como Nélida, que al parecer jamás se olvidó del horno, pero -según su fantasiosa coartada- en sus horas libres colgaba el repasador, repasaba su teléfono y ofrecía sus servicios para que hagan con sus ollas lo que quieran.
Nélida creyó que su físico le dejaba una puerta entreabierta para tratar de convencer a la justicia de que los autos lujosos, los campos, los departamentos y el efectivo que le descubrieron, los obtuvo transpirando entre hornallas y sábanas. Pero nadie cree que el callejeo sea tan rentable. Sin ruborizarse confiesa que aún ejerce como prosti tardía, que cuando vino de Formosa ya tenía experiencia y que fue en casa de los De Vido donde puso lo doméstico por delante sin descuidar lo que ofrecía por atrás.
Sus falsedades demostraron que, cuando estás en el poder, o bien cerca, los pecados se multiplican juiciosamente.
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