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Un reino de lagunas en la llanura bonaerense

La Laguna (albúfera) de Mar Chiquita, en la costa atlántica / Web

Por MARCELO ORTALE
marhila2003@yahoo.com.ar

El rol de esos espejos de agua en el territorio provincial. El último habitante de Villa Epecuén y el barco que llegó a Chascomús por el río Salado

Si se explora en la literatura bonaerense, en la lugareña que narra historias de pago chico, las lagunas forman parte esencial de esas narraciones tan desperdigadas como ricas en anécdotas.

Espejos de agua enormes o pequeños, con un pueblo en sus orillas, cada uno de ellos contiene capítulos de vida, de pasiones y muertes. Y hacia ellos van todos los años miles de pescadores y turistas. Va, sobre todo, la gente que quiere emigrar de las grandes ciudades, aunque sea unas pocas horas, para encontrarse con ella misma.

Las hay de enorme extensión y las hay también de las otras, pequeñas y de escasa profundidad. Algunas se encuentran a la vera de rutas muy transitadas y otras hacen rozar sus orillas con caminos de tierra recónditos. Y desde lo más alto, quien alguna vez viaje en avión sobre el territorio de la Provincia verá el mapa de la llanura salpicado por ellas.

Cada una de esas lagunas alberga una gran biodiversidad y la pesca en ellas es la principal atracción turística (y comercial en algunos casos) ya que abundan especies como el pejerrey, lisas, tarariras, carpas y bogas, entre otras. Miles de expertos pescadores –son como lectores de aguas- viajan hacia ella, sobre todo los fines de semana.

Hay lagunas cercanas a La Plata, como las de Chascomús, la Vitel y la de Monte

Hay lagunas cercanas a Buenos Aires y La Plata, como las de Chascomús, la Vitel y la más próxima de todas, la de Monte. Hay paraísos escondidos y alejados, como el de La Brava de Balcarce, con grupos de cabañas para los turistas que buscan conectarse con la naturaleza.

Para no pocas personas, las lagunas pertenecerían al pasado. No al futuro y ni siquiera al presente. Pero al menos ya pertenecen a uno de los tres tiempos, ya tienen esa esencialidad. Y aquel que se detiene frente a una laguna acaso podrá sentirse visitado por la intemporalidad, por el placer de no estar seguro en cuál de los tiempos se encuentra.

HISTORIA

En torno a nuestras lagunas ocurrieron batallas como las de los Libres del Sud, cuando hacendados de Dolores, Castelli y Chascomús se sublevaron en 1839 contra el gobernador Juan Manuel de Rosas.

Allí, a la orilla de la laguna de Chascomús se enfrentaron las fuerzas de Rosas (1600 soldados y unos 300 indios) contra las fuerzas rebeldes, un total de 1700 voluntarios. El batallón unitario, llamado de los Libres, logró primero desorganizar a la tropa rosista, pero un nuevo ataque de la caballería federal fue fulminante y volcó la contienda en favor de Rosas.

La batalla que duró más de tres horas costó 250 muertos y unos 600 prisioneros. El ejército de Rosas tuvo siete muertos y 15 heridos. Uno de los jefes rebeldes fue Pedro Castelli, capturado y muerto poco después. Su cabeza, por orden de Rosas, quedó clavada como escarmiento en la plaza de Dolores durante ocho años.

Luchas crueles contra los malones que llegaban desde el desierto, crímenes en sus orillas, suicidios, ahogamientos de niños que fueron a recrearse y dejaron para siempre la huella trágica de sus aventuras forman parte de las leyendas reflejadas por historiadores bonaerenses como Juan Luzián, Raúl Ortelli, Fernando Pieske, José Burgueño o Juan Carlos Garavaglia que, entre tantos otros, reflejan las historias lugareñas de la Provincia.

El episodio más dramático ocurrió cuando una laguna desbordada se tragó a la Villa Epecuén allá por 1985. En poco tiempo el espejo de agua creció 10 metros y hubo que abandonar por entero a la villa. Del pueblo sólo quedaron visibles algunas veletas y tanques de agua, el campanario de la Iglesia y en las orillas las cruces inclinadas del cementerio.

Villa Epecuén, la sumergida, pasó a ser un recuerdo, un pueblo fantasma. Quedó sólo un habitante viviendo en ella, Pablo Novak. Se alojó en las pocas ruinas secas que había. La bajante posterior se inició en los 90. Por la elevada salinidad de sus aguas tenía fama de sitio curativo, pero después, de algún modo Epecuén pasó a ser un atractivo turístico, por los recorridos que que se desarrollan, muchos de ellos en botes, con azorados turistas que reciben informes de tipo arqueológico por parte de los guías.

El 22 de enero de 2024 murió Novak, el último habitante de Villa Epecuén que, debido al fallecimiento del último habitante, pudo ser declarada oficialmente como “pueblo desierto”.

UN BARCO EN LA LLANURA

Existieron también en lagunas bonaerenses episodios surrealistas, como el del barco contratado a mediados en 1857 por ganaderos de la zona de Chascomús en momentos de gran crecida de la laguna, para enviar sus productos a Buenos Aires.

El barco que se llamaba “Río Salado del Sud” –según lo cuenta el historiador platense Carlos Mocaut- ingresó desde el río de la Plata por la boca del Salado que se encontraba también muy crecido. Pero poco después encalló en la laguna de Chascomús, quedó tumbado y los años se encargaron de hacerlo desaparecer de a poco, en forma tan gradual que la agonía de su casco duró casi un siglo.

La de Mar Chiquita, ubicada en la costa atlántica, en realidad es una albúfera

Hasta la década del 50 del siglo pasado todavía se veía parte de aquel buque imposible, que quiso unir el río de La Plata con una laguna, a través de un río que serpenteaba entre vacunos, en una suerte de escena demencial propia de la película “Fitzcarraldo” cuando el director de cine Werner Herzog soñó el transporte de un barco de 320 toneladas haciéndolo subir una montaña por la selva de Brasil. No pocos paisanos bonaerenses de a caballo habrán visto pasar, con extrañeza, aquella utopía humana que, como tantas otras, terminó en naufragio.

LA REINA

En forma común se la conoce como laguna de Mar Chiquita, está ubicada en la costa atlántica de la Provincia pero en realidad se trata de una albúfera, de las que sólo hay otras tres en el mundo, ubicadas en Perú, Brasil y España. Una albúfera se define como una gran laguna de agua salobre que corre paralela al mar, separada por médanos aunque con varias conexiones interiores.

Por su extensión -27 kilómetros de largo y 26 mil hectáreas de superficie- así como por sus cualidades especiales- es desde luego la reina de las lagunas bonaerenses-

Tiene agua de mezcla, dulce de los arroyos que tributan en ella y salada de la entrada al mar que tiene en el extremo sureste. Una ola rompe allí e ingresa agua salada hacia ella en forma constante, generándole un nivel de hasta cinco metros de profundidad.

La laguna de Mar Chiquita fue declarada reserva mundial de biosfera por la Unesco en 1996 y también fue calificada por como “reserva natural de uso múltiple” de la provincia de Buenos Aires. Grandes contingentes de turistas van todos los años a esta laguna, tan rica en pesca, en flora y fauna como extremadamente bella por su entorno paisajístico.

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