Adoptó esta ciudad a principios de la década de los 90 y la eligió para radicarse junto a su familia y desarrollarse tanto en el plano laboral como social, ya que fue muy fructífero su aporte en distintas instituciones platenses. Por eso el fallecimiento de Carlos Giralt provocó incontables muestras de pesar entre quienes lo conocieron.
Había nacido el 12 de septiembre de 1953, en la ciudad de Buenos Aires, sus padres fueron Carlos Giralt y Chochi y creció junto a sus hermanos Diego y Lucrecia.
Después de trabajar en el Banco Ciudad, Carlos Giralt llegó a La Plata, se radicó en Gonnet y se incorporó al Banco Crédito Provincial hasta su cierre.
Estaba casado con Mónica Carra y la familia creció con los nacimientos de sus hijos Carlos María, María Lourdes, María Agustina, Hernán María y María Belén. A todos les puso María por nombre a raíz de su gran devoción por la Virgen. También tuvo la felicidad de convertirse en abuelo de diez nietos.
Carlos fue reconocido por su dilatada trayectoria en distintas instituciones de la Región; estuvo vinculado al Club San Luis, donde su hijo Hernán se destacó en el primer equipo de rugby.
También prestó servicios en organismos y entidades de la Provincia de Buenos Aires, en casos, como asesor en temas de la comunicación institucional y en relaciones públicas. Además trabajó para el grupo Banco Nación.
Hasta la actualidad se desempeñó en el Colegio de Escribanos de la Provincia y fue asesor de Daniel Scioli.
Además, se apreció su rol solidario, formó parte de la Fundación Florencio Pérez y fue miembro fundador del Instituto de Diálogo Interreligioso.
En muchas oportunidades también se encargó de las relaciones institucionales y de comunicación de la curia local.
En su juventud fue jugador de rugby y en los últimos años jugó al golf en el Club Estudiantes.
Carlos se destacó por su sólida cultura general, su diálogo conciliador y ameno y por propiciar siempre espacios de encuentro.
Fue un anfitrión nato al que le gustaba verse rodeado de amigos en reuniones en las que, además de compartir una buena mesa, se transformaba en un verdadero arquitecto de la comunicación, nunca pasaba desapercibido.
Para los suyos fue un verdadero pilar, un especialista en construir puentes, un hombre de fe que vivió según sus férreos principios.
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