Marcin Banot es un polaco corajudo que fue detenido el martes por andar trepando en Puerto Madero. Sorprendió su hazaña y sobre todo el exagerado despliegue de ambulancias, motobombas y patrulleros. Sólo faltó la Gendarmería. ¿Por qué? ¿A quién le hacía mal? ¿De dónde viene este afán castigador frente a desafíos que en otros paisajes son exaltados? El polaco eligió Puerto Madero, barrio de trepadores por excelencia, para ofrecer una muestra de coraje que nadie valoró. Iba subiendo sin contención alguna. Una proeza loca y valiente. No pidió nada, no cobró por interpretar semejante performance, ni cuando lo hicieron bajar esposado tuvo quejas. A esa hora, mientras la ciudad como siempre, era centro de robos, vandalismo, canalladas y garrotazos, el polaco, paso a paso, seguía acercándose al cielo, sostenido por la mirada de esos fascinados vecinos que deberían haber rechiflado cuando las fuerzas del orden decidieron ponerle fin a este irrepetible espectáculo. ¿Por qué no lo dejaron seguir? ¿Qué infracción estaba cometiendo? Lo acusaron por invasión de domicilio, pero ni tanteó una ventana. ¿Por qué estos cuidadores exagerados no salen, entonces, a esposar a los andinistas que trepan las montañas? El ser humano cada tanto necesita de pequeños héroes que quieran sobrepasar una realidad chata y a ras del suelo. Ellos desafían el peligro extremo para darle otra dimensión a una humanidad que anda a pie, temblorosa, llamando ascensores y auxilios.
En medio de una ciudad donde los peligros sobran, el polaco le devolvió al espacio público, tan maltratado, su perfil de escenario lúdico y disfrutable, donde se puede encontrar hasta un tipo osado y confiado, capaz de provocar a la mismísima muerte con la única armadura de su destreza y su fuerza. Kerouc nos enseñó que al final la existencia es una larga escapada. Y el polaco vino a recordarnos que, a cierta altura de la vida, cada cual puede elegir la forma de huir.
La ciudadanía respetable cree que estos retos son una provocación, pero no reconocen que también son una ardua revancha ante una sociedad que sólo aspira a la normalidad. Pese a que puedan pasar por locos, aún queda mucha gente que por propia naturaleza reclama respeto al derecho humano de querer salirse de la vida con una performance escénica.
Saber trepar en Puerto Madero es casi una obligación
Sorprendió su hazaña y sobre todo el exagerado despliegue de ambulancias, motobombas y patrulleros
Las democracias liberales reconocen a cada ciudadano, cuando alcanza su mayoría de edad, buscar la felicidad a su manera, sin obligación de aceptar tutela alguna. ¿Qué bien social estaba afectando este escalador urbano? Él, solito, había decidido ponerse en juego y algo habrá sonreído cuando advirtió que a su alrededor, más allá de un vecindario que disfrutaba su coraje y equilibrio, empezaban a llegar las sirenas de siempre, listas para abortar la faena de este enamorado del riesgo, un acróbata fuera de norma que se burla de un mundo donde todos quieren trepar, pero bien agarrados a lo que sea.
No reclamó ayuda, ni pidió sostenes ni llegó allí para mandarse algún discurso angelical. Y lo llevaron esposado, convirtiendo una conducta privada, en ilícita y punible. Saber trepar en Puerto Madero es casi una obligación. Y este arriesgado turista, lo sabía. Pero nadie ha subrayado la demostración gratuita que hizo un polaco intrépido y arrojado, detenido al fin por unos cuantos tipos bien atados que, con menos circo, podían haberlo esperado con esposas (y algún aplauso) cuando llegara a la terraza.
Si bien hay quienes consideran que estas expresiones son una provocación y un gasto, también deberían reconocer que quizá sea la penúltima energía que le queda a un mundo que sólo enseña a desconfiar y andar a ras del piso. Estos equilibristas, es cierto, pueden pasar por locos, pero aún queda mucha gente que por propia naturaleza reclama el derecho a desafiar la vida y a coquetear con el suicidio desde un piso 27.
El influencer fue liberado en la tarde del jueves tras prestar declaración ante el fiscal de la causa por “violación de domicilio”. Ese es el delito que le imputaron por treparse sin más medidas de seguridad que unos guantes. Logró llegar a un acuerdo con la Justicia porteña. Según trascendió, consistiría en una probation. ¿Lo pondrán de ascensorista en Puerto Madero?
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