Para visitar la exposición “Paraísos naturistas” en la ciudad francesa de Marsella (sureste de Francia) no es necesario ponerse ropa, pero sí calzado, lo que desconcierta a los militantes más veteranos. El museo abre sus puertas a los nudistas, pero solo una vez al mes. “¡Creía que era una exposición naturista!”, se indigna un visitante, Daniel, al enterarse de que deberá calzarse para recorrer los pasillos del Museo de las Civilizaciones de Europa y del Mediterráneo (Mucem). “Lo ha pedido el Mucem para evitar problemas con las astillas”, explica Eric Stefanut, de la Federación Francesa de Naturismo (FFN), coanfitrión de esta visita guiada inusual. Tras esta aclaración, todos se lanzan a descubrir las fotos, dibujos, libros, películas, revistas, pinturas y esculturas, material prestado por museos como el Centro Pompidou de París, el Louvre o la Biblioteca Nacional Suiza en Berna. “Hoy es mi cumpleaños y buscábamos algo un poco excepcional”, explica Julie Guegnolle, de 38 años (en pareo), que ha venido con su marido, Matthieu, de 37 años y completamente desnudo. “No todos los días se tiene la oportunidad de pasear desnudo en un museo. Cuando llegamos, estábamos un poco perdidos, pero no es tan extraño”, se entusiasma. La exposición, visible hasta el 9 de diciembre, también recibe visitantes totalmente vestidos, fuera de estos horarios específicos.
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