Hezbolá anunció que un segundo alto mando murió en un bombardeo israelí cerca de Beirut, en el que fallecieron más de 30 personas y supuso un duro revés contra el movimiento islamista libanés, tras las explosiones letales de sus dispositivos de comunicación.
La ONU se declaró “muy preocupada” por la situación y llamó “a todas las partes a la desescalada inmediata” y a “mostrar la máxima moderación”, en momentos en que la guerra en la Franja de Gaza se desplaza hacia Líbano.
En el territorio palestino, asediado desde el inicio de la ofensiva de Israel contra Hamás hace casi un año, la Defensa Civil anunció la muerte de al menos 19 personas en un bombardeo israelí de una escuela en Ciudad de Gaza, en el norte, donde se refugiaban desplazados.
El ejército afirmó que el ataque iba dirigido contra combatientes del movimiento palestino.
En el norte de Israel, en la frontera con Líbano, la tensión recrudeció y los cruces de disparos entre el ejército israelí y Hezbolá, aliado de Hamás, se han intensificado. Ambos anunciaron disparos contra posiciones del otro bando.
Un bombardeo israelí en un suburbio del sur de Beirut, bastión del movimiento islamista, causó 31 muertos, incluidos tres niños, y 68 heridos, según un balance oficial libanés.
Una fuente cercana a Hezbolá indicó que el bombardeo iba dirigido contra su fuerza de élite, la unidad Radwan, que mantenía una reunión en un sótano. El ataque mató a 16 de sus miembros.
Entre ellos figuraba Ibrahim Aqil, jefe de la unidad, así como otro alto mando de esta fuerza.
Según informó Hezbolá, se trata de Ahmed Mahmud Wahbi, que dirigió hasta inicios de año las operaciones militares de la unidad Radwan en apoyo a Hamás.
Este es el tercer bombardeo en el suburbio sur de Beirut reivindicado o atribuido a Israel desde el inicio de la guerra en Gaza el 7 de octubre.
Ofrecían una recompensa
Estados Unidos ofrecía una recompensa de siete millones de dólares por información sobre Ibrahim Aqil, considerado como un “miembro principal” de la organización que reivindicó el atentado contra la embajada estadounidense en Beirut en 1983, que dejó 63 muertos.
Un fotógrafo de AFP vio en el lugar del ataque un edificio totalmente destrozado y a socorristas que evacuaban a las víctimas en medio del caos.
El primer ministro libanés, Najib Mikati, denunció el ataque a una zona residencial, lo que “prueba una vez más de que el enemigo israelí no tiene ninguna consideración humanitaria”.
Irán condenó “una flagrante violación del derecho internacional, así como una violación de la soberanía, la integridad territorial y la seguridad nacional de Líbano”.
La operación se produjo tras dos oleadas de explosiones de bíperes y walkie-talkies utilizados por miembros de Hezbolá, que entre el martes y el miércoles dejaron 37 muertos y unos 3.000 heridos en bastiones de la milicia en Líbano.
El jefe del grupo islamista, Hasan Nasralá, acusó a Israel de esas explosiones y prometió un “justo castigo”.
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