Corren ya los meses críticos para el dengue en nuestro país, que se corresponden con las jornadas más calurosas y húmedas del año, en un contexto en el que sólo un ínfimo porcentaje de la población tiene la vacunación completa contra esa enfermedad.
Luego de muchos años en que el dengue sólo se presentaba sólo en algunas regiones del Norte o en países limítrofes, la enfermedad alcanzó en el período 2023-2024 un registro epidémico inédito en el territorio argentino, el más grave de la historia, con cerca de 600 mil contagios y más de 400 muertes.
Como se sabe, entre los síntomas del dengue figuran la aparición de fiebre entre 38 y 40 grados, que va acompañada generalmente de mucho dolor de cabeza, dolor retroocular, dolor muscular y articular, aparición de un sarpullido en la piel y también sensaciones de náuseas y vómito. No tratado el virus puede ocasionar inclusive la muerte.
Las estrategias para combatir al aedes aegypti, el mosquito transmisor de la enfermedad, se centraron como es habitual en las tareas preventivas tales como el descacharreo domiciliario, aunque en los últimos tiempos se le cedió mayor protagonismo sanitario a la vacunación. Ello sin perjuicio del uso de todo tipo de repelentes que, por fortuna, dejaron de faltar en el mercado argentino.
Según se vino informando por distintas fuentes oficiales, el stock de vacunas se conformó con las compradas por Nación y enviadas luego a distintas provincias, así como por aquellas que las gobernaciones adquirieron por su cuenta.
De todos modos, los especialistas no dejan de mostrar extrañeza por la baja receptividad pública que acompaña a las campañas de vacunación, ya que la demanda recibida por parte de la población resultó mucho más baja que la que se aguardaba en los centros de salud oficiales, aunque sería más elevada en los vacunatorios privados. El esquema completo incluye dos dosis aunque la mayoría de las personas no recibió aún la segunda.
En declaraciones periodísticas el vicepresidente de la Sociedad Latinoamericana de Vacunología afirmó que en América latina se registra una menor vacunación en regiones pobres y vulnerables. “No van a buscar la vacuna en forma activa” aseguró, para agregar que el acercamiento a los vacunatorios sólo se da cuando la gente ve más riesgo de enfermarse. Esa actitud se presenta también en Brasil, en donde también si no van a buscar a la gente para vacunarse, el índice de inmunización resulta muy bajo.
Se conoce que la Provincia adquirió miles de equemas de la vacuna Qdenga del laboratorio Takeda y que comenzó a aplicarlas en octubre, priorizando a las personas de entre 15 y 59 años que tuvieron dengue el año pasado en el área metropolitana, la zona más afectada por el mosquito.
Sea como sea, la población debe cobrar conciencia de que todo lleva a reclamar que no dejen de realizarse aquellas campañas de prevención, domiciliarias y oficiales, que puedan servir para impedir el retorno de ese flagelo en los próximos meses, acentuándose asimismo la eficacia de los programas de vacunación -a quien corresponda-, mediante una intensiva divulgación previa de sus ventajas.
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