Ya no en la extensión de una novela o siquiera de un capítulo, sino tan sólo en la medida de un párrafo, Alessandro Baricco (Turín, 1958), expone la enigmática colección de contrastes que presenta el universo. Lo real mezclado con lo mágico, el mundo visible y el invisible, lo físico y lo metafísico, el entrevero de los tres tiempos humanos. Así que la novela avanza y retrocede sin fronteras, las aguas que se iban vuelven a fluir hacia atrás y todo es una sorpresa.
Lo hizo en sus anteriores novelas y ahora vuelve a exhibir esa imaginación omnipotente en su novela Abel (Anagrama 2024), un western del Lejano Oeste que narra la vida del sheriff Abel Crow -un tirador “cuyo disparo preferido es el “Místico”, uno doble, cruzado y simultáneo, con ambas manos y sobre blancos distintos”- para intentar vivir o morir en aquellas praderas épicas.
Novelista y periodista italiano, Baricco es una de las figuras más representativas de la actual literatura de Italia, autor de la maravillosa Seda, con millones de lectores en el mundo. Además fundó en Turín, en 1994, la Escuela Holden, una institución privada famosa en Europa y el mundo entero, destinada básicamente a la formación de narradores. Alguien definió a esa escuela, que tiene unos trescientos alumnos, como “un gimnasio para desarrollar la musculatura de la novela”. Y ha pensado en abrir una suerte de sucursal en la Argentina, país al que vino varias veces y en la que brindó numerosas conferencias, una de ellas en el Teatro Colón.
En este último y recién salido libro conviven magnetizados los ricos y sucios mineros, un predicador, un cartero demente, brujas, curanderos, indios de tribus exóticas y llenas de sabidurías ancestrales, cowboys de revólveres relampagueantes, en un intercambio que de mañana pasa hacia el ayer y en la que cada personaje da testimonio de que la vida se abre hacia muchas partes a la vez y en la que el amor se acomoda como puede a exigencias que exceden la capacidad humana para absorberlas.
El libro fue calificado como un “western metafísico”, en el que el personaje central tiene tres hermanos y una hermana todos con nombres bíblicos, con una madre que será colgada por robar un caballo. El apellido común, Crow (cuervo) trae obvias reminiscencias de Poe y muchas de las escenas recuerdan la narrativa insólita de Ambrose Bierce
No resultan frecuentes los términos que usó el crítico literario de La República, Riccardo Luna, para definir este libro sin moldes previos de Baricco: “En mi opinión, es su libro más hermoso; lo vi claro cuando, en un momento dado, lloré mientras lo leía. Cuando un libro te hace llorar, quiere decir que ha entrado en tu corazón y ha despertado algo en tu interior”.
Por su parte, Chicca Belloni (Style Magazine) afirmó que “en el libro está todo, la vida y la muerte, el amor y la decepción, la enfermedad. Es una novela pero también un ensayo filosófico, en el que conviven duelos y reflexiones, ironía y profundidad, todo ello con el estilo del autor, siempre elegante y único”.
Pese a que reconoce influencias en autores como Umberto Eco, en los también italianos como Dino Buzzati y Giuseppe Tomasi di Lampedusa, también menciónó a D. Salinger, Borges, Antonio Tabucchi, García Márquez, Cortázar y Sábato, pero alguna vez en nuestro país exaltó a Osvaldo Soriano por considerarlo un narrador puro.
Así explicó esa preferencia, cuando le preguntaron a qué escritores argentinos admira más: “Los más grandes, Borges, Cortázar, Sábato. Pero tengo una enorme pasión por Osvaldo Soriano. Por lo menos un libro suyo es perfecto: Una sombra ya pronto serás. Es un gran narrador y a menudo la academia no ama a los narradores. Están los que saben narrar, los que saben escribir y poquísimos que saben escribir y narrar. En general, la academia y los críticos prefieren a los que saben escribir, aunque no sepan narrar. En cambio a mí, me encantan los narradores puros. Y él era uno fabuloso. Yo leo con más ganas a Soriano que a Cortázar”.
LA EPICA
Entre 1984 y 1985 el escritor Osvaldo Ferrari mantuvo en una radio porteña inolvidables entrevistas con Jorge Luis Borges, que fueron editadas luego por Seix Barral en el libro Los Diálogos, en los que Borges aludió al far west como la última épica de la humanidad.
En uno de esos diálogos, Borge ofrece este testimonio, que parece justificar ampliamente y, desde luego, con una antelación de cuatro décadas el maravilloso western de Baricco.
Dijo el autor de El Aleph: “Y ya que estamos hablando de la épica, querría recordar, de paso, algo que sin duda ya he recordado, y es que en un tiempo en el cual los poetas habían olvidado su origen épico, y, por qué no, su deber de ser épicos, Hollywood se encargó, para el mundo, de ese deber. Y ahora el Oeste —el Far West— está en todas partes del mundo, ya que en todas partes del mundo, el mito —ya podemos llamarlo mito— de la llanura y del jinete, el mito del cowboy, se verifica. En todas partes del mundo hay gente que está saliendo de un cinematógrafo, y están un poco asombrados de encontrarse en... bueno, donde fuera; en Bucarest, en Moscú, en Buenos Aires, en Londres, en Montreal; y salen a esas ciudades, que son sus ciudades, pero salen del Oeste. Y no del Oeste tal como es sino del Oeste mítico: del Oeste del cowboy”.
En toda la obra de Baricco campean no sólo la épica, sino también la fusión existente entre el periodismo y literatura. Una fusión discutida, polémica, en la que muchos grandes escritores se criaron -Mark Twain, García Márquez- y enriquecieron nutridos por el sentido democrático de la realidad, por el estilo sustantivo y carente de prejuicios que ofrece y exige el ejercicio periodístico.
El crítico argentino Juan Manjuel Mannarino en una nota publicada hace pocos días en Clarín – “Abel y el regreso de Alessandro Baricco a la novela: una bala de plata”- rescata estas palabras de Baricco, muy reveladoras por cierto del valor que el escritor le asigna al poder de la imaginación: “El Oeste de este libro lo es más aún. Incluso cuando en estas páginas se mencionan nombres y tierras que efectivamente existieron o hechos que ocurrieron de verdad, en todos los casos se está inventando un mundo que es fruto por completo de la imaginación. Si, al crear un no-lugar como este, he podido ofender la sensibilidad de lectores concretos o de comunidades enteras, lo lamento. Aunque tampoco mucho, he de admitirlo, porque la libertad más absoluta es el privilegio, la condición y el destino de toda escritura literaria”.
El autor Alessandro Baricco expone la enigmática colección de contrastes que presenta el universo
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