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En su novela más íntima, Eduardo Sacheri vuelve a los años 50 para contar una historia de pasiones prohibidas y silencios
Sacheri, elige escribir -esta vez- desde la mirada de una mujer / Web
¿Se puede amar a dos personas al mismo tiempo? Esa es la pregunta que atraviesa “Lo mucho que te amé”, la novela de Eduardo Sacheri publicada por Alfaguara. En una Buenos Aires de los años 50 y 60 —una ciudad que respira tango, cine y política—, Ofelia Fernández Mollé se enamora de Manuel, el novio de su hermana menor. Ese amor, imposible y secreto, la coloca en el centro de un dilema que desarma las certezas de su familia, de su tiempo y de sí misma.
Sacheri, acostumbrado a explorar la amistad, el fútbol y la nostalgia masculina, se corre de su territorio más habitual para escribir desde la mirada de una mujer. Ofelia narra su historia en primera persona, con una voz contenida, lúcida y dolida. Dice: “Si alguien supiese la historia de mi vida la vería como una vida mal vivida, llena de secretos, traiciones, ocultamientos”. Esa confesión inaugura un relato que es, a la vez, íntimo y social: una reflexión sobre lo que se podía —y lo que no— en un país dividido por pasiones políticas y morales.
La trama se despliega con la calma de lo cotidiano. Las cenas en familia, las discusiones entre peronistas y antiperonistas, las salidas al cine y los murmullos de las tías tejen el marco de un mundo donde el deber parece tener siempre más peso que el deseo. Pero Sacheri, atento observador de la condición humana, sabe que lo que se calla late con más fuerza que lo que se dice. Por eso la historia avanza en un susurro, en la tensión del secreto que no puede sostenerse para siempre.
La reconstrucción de época es precisa: Palermo Viejo todavía es un barrio de casas bajas, los hombres trabajan en fábricas o escritorios, las mujeres aprenden a ser esposas o madres, y el amor —si se sale de ese molde— se convierte en un campo minado. Ofelia, sin embargo, rompe sin escándalos con los mandatos de su entorno. No porque lo elija del todo, sino porque el corazón, dice Sacheri, no entiende de normas ni de conveniencias.
La obra es también una historia sobre la culpa y la libertad interior. Sobre la posibilidad —o la imposibilidad— de ser feliz cuando hacer lo que uno siente implica traicionar lo que uno ama. Mabel, su hermana mayor, se lo advierte: “¿Vos suponés que Manuel y vos van a poder construir un matrimonio feliz sobre la infelicidad de Delfina y Juan Carlos?”. La pregunta, tan brutal como verdadera, marca el pulso moral de la novela.
Con su prosa llana y emocional, Sacheri construye una protagonista compleja y moderna, que atraviesa el tiempo sin volverse anacrónica. La novela no busca absolver ni condenar: se limita a mirar con ternura y lucidez el territorio incierto del amor.
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