Durante los días de calor intenso, es habitual que busquemos alivio en bebidas heladas, mientras que por la mañana o la noche, quizás optemos por infusiones calientes. Sin embargo, consumir agua muy fría o infusiones extremadamente calientes puede tener efectos negativos en nuestra garganta. El consumo de agua helada puede provocar un choque térmico en la garganta, irritándola y favoreciendo la aparición de infecciones o resfriados, incluso en verano. Por otro lado, las infusiones a temperaturas elevadas pueden quemar la mucosa de la garganta, dejándola sensible y propensa a molestias.
Diversos estudios indican que el consumo de bebidas a temperaturas extremas altera el equilibrio natural de la garganta y su capacidad de respuesta frente a cambios bruscos de temperatura. Las células que recubren nuestra garganta son particularmente sensibles, y someterlas a temperaturas muy altas o bajas puede debilitarlas. Las bebidas frías pueden producir contracciones musculares en la garganta, generando un entorno favorable para bacterias y virus. Mientras tanto, las bebidas muy calientes pueden dañar el tejido, lo cual puede derivar en una irritación constante.
Para cuidar adecuadamente nuestra garganta y evitar estos problemas, los expertos recomiendan consumir líquidos a temperaturas moderadas. El agua debe estar fresca, pero no helada, mientras que las infusiones deben estar calientes, pero no hirviendo. Una buena regla general es asegurarse de que la temperatura del líquido esté cerca de la temperatura corporal, alrededor de los 37°C. Esta práctica no solo protege la garganta, sino que también ayuda a mantener una hidratación óptima sin causar choques térmicos.
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