El fallecimiento de Mario David Mazza provocó muestras de profundo pesar en distintos ámbitos de la Ciudad. Aunque nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, desarrolló su carrera profesional y su vida familiar y social en La Plata.
Había nacido el 27 de diciembre de 1942 en el barrio de Caballito. Hijo único de una mujer con raíces en el campo y un abogado, a los catorce años atendió un recreo de la familia en Tigre. Luego de cumplir con el servicio militar obligatorio, llegó a La Plata, a estudiar abogacía, conoció a Susana Fonseca compañera de toda la vida con quien posteriormente tuvieron dos hijas, Mariana y Carolina. Luego, llegaron tres nietas, Amparo, Catalina y Lola.
Ingresó en el Servicio Público en la Gobernación donde recorrió una extensa carrera administrativa. Fue Director de Comunicaciones de la Provincia de Buenos Aires y como tal, a partir del cierre del emblemático Telégrafo de la Provincia, imaginó, soñó y proyectó lo que sería la Red de Comunicaciones de la Provincia.
El 22 de abril de 1979, se inaugura lo que sería el primer eslabón de ese sueño de intercomunicar todos los municipios y reparticiones públicas en una red única.
Para él, la tecnología sólo era una parte. Los operadores, los hombres y mujeres a lo largo de la provincia y en cada municipio, fueron la pieza fundamental de ese incipiente proyecto.
Siempre atento al sector de la comunicación, la explosión de las radios FM, no le fue ajena, alentó y promovió su desarrollo y expansión.
Dejó su huella en la historia de las comunicaciones de la Provincia de Buenos Aires. Fue un funcionario de carrera, se inició como empleado y terminó siendo Director Provincial, de los que hoy, si hay, cuesta encontrarlos.
Siempre su objetivo fue honrar la función, no al funcionario. Su ética y honorabilidad jamás estuvieron en duda. Tampoco su compromiso con las responsabilidades asumidas. Reservado y austero, fue motor y fuente de inspiración para numerosos colegas que siguieron su modelo de gestión en sus diferentes etapas de la vida laboral.
Destacan que como ocurre con los grandes hacedores, su persona es más grande que las obras que dejó.
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