Un limón disecado de 110 años que jugó un papel clave en la historia del espionaje es una de las principales atracciones de una exposición en Londres extraída de los archivos del MI5, la agencia de inteligencia nacional de Reino Unido. Cámaras espía compactas, microfotografías en una lata de talco y un maletín abandonado por el espía soviético fugitivo Guy Burgess también forman parte de la muestra, que se presenta en los Archivos Nacionales de Reino Unido y traza la historia de una agencia secreta que, poco a poco, se vuelve más abierta. Ken McCallum, director general del MI5, dijo que el trabajo de la entidad “a menudo es diferente de la ficción, más allá de si esa ficción es la de George Smiley o la de Jackson Lamb”, el brillante maestro del espionaje de las novelas de John le Carré y el desaliñado supervisor de los rechazados del MI5 de la serie “Slow Horses” de Mick Herron. Muchas de las historias que se cuentan en la exposición no desentonarían en un thriller.
El limón, ahora negro y marchito, ayudó a condenar a Karl Muller, un espía alemán en Reino Unido durante la Primera Guerra Mundial. Fue hallado por la policía en su mesita de noche, junto con otro en el bolsillo de su abrigo. Las pruebas, presentadas en su juicio secreto, mostraron que su jugo se había utilizado para escribir cartas con tinta invisible donde se detallaban los movimientos de las tropas británicas. Muller fue ejecutado por un pelotón de fusilamiento en la Torre de Londres en 1915. En un epílogo que no desentonaría en “Slow Horses”, el MI5 fingió que Muller seguía vivo y escribió a sus superiores alemanes para pedir más dinero. “Los alemanes enviaron más fondos y el MI5 los utilizó para comprar un auto”, dijo Mark Dunton, el curador de la exposición. “Y lo bautizaron como ‘El Muller’”. “Luego fueron reprendidos por el Tesoro por el uso no autorizado de gastos”, añadió. En la muestra se incluyen registros desclasificados que se conservan en los Archivos Nacionales y artículos prestados del museo secreto de Thames House, la sede del MI5 en Londres. La exhibición describe el papel cambiante de una agencia fundada en 1909 como la Oficina del Servicio Secreto, con un personal inicial de dos oficiales.
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