Una persiana forzada marcó el inicio de un episodio de inseguridad que, por fortuna y algo de suerte, no terminó del todo mal para los propietarios de una pinturería ubicada en Camino General Belgrano y 517. Si bien el local sufrió importantes daños materiales, el robo no logró concretarse en su totalidad aparentemente por la torpeza de los delincuentes.
La activación de la alarma conectada a un sistema de seguridad privada jugó un papel clave: fue este aviso el que puso en alerta al dueño del local, quien se dirigió de inmediato al lugar.
Al llegar, la escena era devastadora: el interior del negocio completamente revuelto, varias herramientas eléctricas que tenía exhibidas y una caja registradora vacía: 20 mil pesos, correspondientes a la recaudación del día.
En el segundo piso del local, el panorama no era mejor: oficinas desordenadas, cajones rotos y muebles dañados, como si la prisa por encontrar algo de valor se hubiera impuesto sobre cualquier intención de pasar desapercibidos.
No obstante, algo llamó poderosamente la atención. Fuera del local, en plena vereda, el propietario encontró dos cajas de herramientas, una amoladora y un destornillador eléctrico, es decir, lo que faltaba en el comercio. Además se topó con una barreta, presuntamente utilizada para forzar el ingreso. Todo indicaba que los ladrones, en su intento de huida, abandonaron parte del botín.
Según las primeras hipótesis, los delincuentes, autodirigidos completamente con el criterio de la improvisación, podrían haberse visto sorprendidos por la alarma o por la presencia de algún testigo circunstancial.
Otra posibilidad que se analiza es que hayan salido en busca de un vehículo para cargar lo robado, pero no llegaron a concretar el traslado ya que el propietario llegó antes. En ambos casos, se destaca el grado de inexperiencia y desorganización con el que actuaron.
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